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Alfonso Gómez Méndez

D'Artagnan periodista y político

Publicado el 04-03-09

En el año de 1986 me acababan de elegir Representante a la Cámara por el departamento del Tolima. Esa elección se había dado dentro de una alianza de varios sectores -incluido el reciente Partido de la Unión Patriótica surgido de los acuerdos de Paz durante el Gobierno de Belisario Betancur- contra el entonces cacicazgo de Alberto Santofimio en esa región.

Al lado de Federico Estrada Vélez y David Luna (el padre del actual representante), el electo presidente Virgilio Barco, me nombró en una comisión de empalme para el Ministerio de Justicia. Inmediatamente, un diario capitalino cuestionó mi inclusión, con el argumento de que no podría ser designado como Ministro de Justicia (suposición apenas) alguien que como yo, había sido abogado del banquero Jaime Michelsen.

En su columna dominical, Roberto Posada García-Peña, hizo una sólida defensa mía alegando que no se podía cuestionar a alguien por el ejercicio legítimo de la profesión de abogado, ni desconocer por ello una trayectoria pública. No conocía personalmente al entonces ya famoso columnista. Lo llamé para agradecerle, y desde entonces tuve la fortuna de contar con su amistad.

Roberto era de una personalidad desbordante. Vivía intensamente todas las causas en que se involucraba. Periodista nato, nunca perdió ni la objetividad, ni la sindéresis, ni dejó de tener el olfato periodístico que le permitía adivinar el rumbo de la nación. Sus columnas de opinión eran el resultado de horas de investigación y de estudio. Conocía como pocos a todos los personajes del acontecer político. Desde niño y al lado de su abuelo, pudo seguir las tertulias de presidentes, ministros, congresistas y actores de la vida pública. Con razón se ha dicho que por ese motivo pudo haberse 'madurado biche', pues su información y criterios sobre intrincados problemas no guardaban relación con su edad.

Muchas veces nadó contra la corriente. No se acomodaba como es costumbre, a los intereses del gobierno de turno. Defendió en 1982, la candidatura de López Michelsen, quien fuera derrotado a raíz de la división liberal por el conservador Belisario Betacourt. Con el tiempo, el expresidente conservador se convirtió en uno de los mejores y asiduos contertulios de 'D'Artagnan'. Compartían gustos culturales, artísticos y gastronómicos.

Contra viento y marea defendió el Gobierno de Ernesto Samper, cuando la mayoría de sus colegas hacían parte del grupo de lo que con cierta jocosidad llamaban 'los conspis'. Cordialmente se separó de algunos de ellos, pero nunca los zahirió, ni lanzó ofensas que llegaran a ser enemistades irreversibles. Ejemplos de ello fueron María Isabel Rueda y Felipe López.

A pesar de haber vivido intensamente, la vida fue injusta con él.

Cuando la disfrutaba plenamente al lado de su abnegada esposa Lorenza y sus pequeños hijos, comenzó a jugarle terribles trastadas que lo llevaron a esta muerte prematura que tanto nos ha dolido a sus amigos.

Roberto supo combinar dos actividades que a veces se presentan como excluyentes: periodismo y política. En el periodismo su periplo lo llevó a recorrer todos los pasos del oficio, desde carga ladrillo hasta director de medio. En la política, siguió todas sus peripecias al detalle, sin haber utilizado sus espacios para promocionarse. Nunca aspiró a un cargo de elección popular.

Rechazó los nombramientos en el Ejecutivo, siendo el último el de Embajador en Canadá que le propusiera el presidente Uribe. Fue un liberal de convicciones y de partido, sin incurrir en el sectarismo. Uno de sus grandes amigos, que emprendió el viaje sin regreso antes que él, fue el famoso 'tigrillo Noriega', ministro conservador de Carlos Lleras Restrepo.

Está por escribirse la biografía de este gran colombiano, liberal, periodista y excelente ser humano, que por esos extraños vericuetos del destino se nos ha ido en momentos cuando tanto lo necesitábamos. 

gomezgomezabogados@cable.net.co

Alfonso Gómez Méndez

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