Ha causado cierta sorpresa, la reciente salida del coronel presidente Hugo Chávez, en el último de sus mediáticos programas 'Aló Presidente', en alguna medida el equivalente a los consejos comunitarios de nuestro presidente Uribe.
Ya estábamos acostumbrados a las diatribas de Chávez contra el país, las salidas de tono, los mensajes amables a 'Tirofijo' y los inaceptables insultos al Presidente de los colombianos. Pero esta vez, por lo menos en apariencia, el discurso cambió. No tanto en el tema de la solicitud para liberar los secuestrados, pues esa misma exigencia pública se la había hecho a 'Manuel Marulanda'. Varias veces le había dicho que no valía la pena tener secuestrados por años en nombre de la revolución: policías, soldados, políticos y ciudadanos del común.
Antes, ya Chávez les mandó el mensaje de que el secuestro no puede ser utilizado como arma política. En ocasiones anteriores, trasmitió a 'Tirofijo', 'mirándolo a los ojos' que le pedía la liberación inmediata de Íngrid Betancourt y los demás secuestrados por orden suya.
Lo nuevo es que le dice al ahora jefe supremo de las Farc, el 'ideólogo' Guillermo León Sáenz, alias 'Alfonso Cano', que la guerra de guerrillas es cosa del pasado y que perdió toda razón de ser en la América Latina de hoy. Atrás quedó la ilusión de exportar la revolución cubana a otros países de la región, sobre todo después del fracaso del 'Che Guevara' en Bolivia.
Nadie, cree hoy, que unos barbudos puedan entrar triunfantes a una capital e instaurar un régimen socialista.
Esta apreciación es nueva en Chávez, pero no es la primera vez que se anuncia por parte de un dirigente de izquierda. Había sido el propio comandante Fidel Castro, quien después de haber dado por un tiempo apoyo y entrenamiento no solo a las Farc, sino al Eln y al M-19 en su época, hace ya varios años les mandó el mensaje público a la guerrilla colombiana en el sentido de que su lucha armada no tenía ningún sentido.
Además, es el propio pueblo colombiano, quien desde hace muchísimos años dejó de creer en la guerrilla idealista, que con las armas pretendía combatir las injusticias sociales e instaurar un sistema socialista. Y dejó de creer desde que esa guerrilla comenzó a utilizar el secuestro para financiarse y por la misma razón, sin escrúpulo moral alguno, se asoció con los peores narcotraficantes.
Pero además, el propio pueblo vio cómo esa guerrilla con tan condenables métodos y tan pésimos aliados, mediante actos terroristas atacaba al mismo pueblo, cuyos intereses decía defender.
No es como Chávez dice que la existencia de la guerrilla es un pretexto para una intervención americana en Venezuela. Nadie toma en serio esa afirmación. Pero lo que sí es verdad, es que mientras perdure la guerrilla y su acción criminal, más espacio habrá en Colombia para la ultraderecha y menos posibilidades tendremos para construir un proyecto de izquierda democrática al estilo de la social democracia europea o chilena.
Si las Farc, atendieran los llamados de Castro y Chávez, y teniendo en cuenta que su situación militar está seriamente afectada por la acción gubernamental, sería el momento para iniciar una negociación política, en los términos en que alguna vez lo planteó el presidente López Michelsen.
Y la liberación, sin condiciones de todos los secuestrados por razones políticas o económicas, sería el primer paso para que la nación comenzara a creerles que en verdad están pensando en no continuar con la degradación del conflicto y facilitar una salida pacífica, que sin excepción todos anhelamos.
Si eso se consigue, bienvenido el cambio de posición del extraño y desconcertante mandatario venezolano.
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