Con la muerte del general Gabriel París, en la noche del Viernes Santo en Girardot, se cierra uno de los capítulos más decisivos de la reciente como extraña historia de Colombia. Apaciblemente, a los 98 años, cerca de la población de Melgar, de donde había salido el general Rojas Pinilla un sábado trece de junio de 1953 para dar un golpe de Estado -o de opinión como dijera Echandía- y que le permitió más adelante y apenas como Brigadier General llegar a la jefatura del Estado, abandonó este mundo, el general París Gordillo, el último de los quíntuples, como solían llamarlo los periodistas en las crónicas políticas.
Los colombianos no debemos continuar por el sendero de ignorar nuestra historia y de pretender creer que lo que ahora nos pasa nada tiene que ver con lo de ayer. La mayoría de nuestros jóvenes desconocen lo que fue el surgimiento de la violencia partidista y la ruptura que significó el único golpe militar en el siglo XX. Muchas reflexiones deberíamos hacernos a propósito de la desaparición de quien como Brigadier General, fue Ministro de Justicia y de Defensa, y Presidente entre el 10 de mayo de 1957 y el 7 de agosto de 1958.
Después del asesinato de Gaitán, se intensificó la violencia, y el Partido Liberal, por falta de garantías prefirió no presentar candidato, habiendo sido elegido en solitario el conservador Laureano Gómez. Paradójicamente siendo el líder con más influencia en su partido, no alcanzó siquiera a gobernar la mitad del período ya que por razones de enfermedad fue sustituido por el designado Urdaneta Arbeláez.
Laureano, como presidente titular, le pidió al encargado que destituyera a Rojas, entonces comandante del Ejército, alegando que este se negaba a investigar las torturas de que supuestamente había sido víctima Felipe Echevarría. Reasumió el poder, nombró a Jorge Leyva como Ministro de Guerra, quien cuando fue a hacerse reconocer en el Batallón Caldas fue apresado. El golpe estaba dado y Rojas se trasladó desde Melgar a Bogotá, y ofreció a Urdaneta que continuara en el poder con el respaldo de las Fuerzas Armadas. Este se negó y el comandante del Ejército, con el beneplácito casi unánime del país, se tomó el poder el 13 de junio de 1953.
París fue hombre de confianza del General Rojas. María Eugenia dijo en una entrevista de televisión, que fue uno de los que lloró en los hombros del General, cuando este voluntariamente y ante la presión de un paro patronal, abandonó el poder el 10 de mayo nombrando él una junta que lo sucedió, integrada, además, por Deogracias Fonseca -tolimense como París-, Rubén Piedrahíta, Rafael Navas Pardo y Luis E. Ordóñez. Esa Junta restablecería a Rojas en el poder.
Pero sucedió todo lo contrario, abortó la tentativa de golpe del coronel Forero Gómez el 2 de mayo de 1958 -mientras, según algunos, Rojas esperaba que desde Las Bahamas lo regresaran a Colombia. Como Presidente de la junta militar, Gabriel París presidió tres elecciones, la del plebiscito del primero de diciembre de 1957, la del primer Congreso del Frente Nacional en marzo, y las presidenciales de Alberto Lleras en mayo de 1958. Entregó el poder y se retiró discretamente a su finca de Flándes.
Tuve la oportunidad de hablar con él un par de veces y me pareció que tenía una clara conciencia sobre la histórica misión que había cumplido y no volvió a hablar de sus relaciones con el general Rojas Pinilla, quien lo llevó a las cumbres del poder. Aún falta el balance sobre los aspectos positivos y negativos del Frente Nacional.
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