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Alberto Schlesinger Vélez

Violencia política

Publicado el 04-12-08

Definitivamente me quedé corto en el análisis de las elecciones venezolanas publicado en PORTAFOLIO. La reacción de Chávez, fue violenta e inmediata. Lo que yo señalaba como un riesgo serio para los elegidos de la oposición , dado el control de los recursos por régimen y la gran reducción de los ingresos, cuando ya el precio del barril venezolano abrió esta semana por debajo de US$40, fue una apreciación limitada frente a lo que se vino como catarata.

Así como quienes en forma ingenua y necia han pensado durante los últimos diez años que a Chávez se le puede sacar del poder por la vía electoral, esperar que su reacción podría ser conciliadora y abierta, reconociendo una realidad electoral, ha quedado confirmada, una vez más, como una equivocación garrafal.

El presidente de una supuesta democracia, que hace menos de un año, calificó ante el mundo la derrota electoral de su nueva constitución, como una "victoria de mierda" y a los pocos meses lograba de su Asamblea Nacional facultades para poner en vigencia mediante decretos y leyes lo que el pueblo le había negado, no podría reaccionar de una manera diferente a como acaba de hacerlo. Ahora viene por lo que le quedó pendiente después de esa derrota: la reelección indefinida. Su argumento: la amenaza a su revolución e intereses, por el hecho de que la oposición haya ganado donde ganó. Luego, él debe quedarse en el poder para evitar que esto suceda. Este es el talante democrático del personaje. Después de una reacción inmediata, aconsejada por algunos de sus pocos asesores con sentido común, de aceptar el resultado con la actitud que cualquier demócrata tendría, vino la explosión. Para ello utilizó, encadenando a los medios de comunicación, el escenario que le brindó la posesión de los candidatos de su partido, primero en el Estado Vargas y después en Libertador y Aragua.

Desaforado como nunca y apoyado en Marx, sentenció que lo que había en Venezuela era una lucha de clases entre ricos y pobres y que los ricos, identificados con la oposición, al ganar venían, en primer lugar, por él y después por los logros de su revolución y del pueblo. Minimizó el resultado de las urnas y puso en tela de juicio la legitimidad de los elegidos. Pronosticó elecciones próximas en Maracaibo ya que el alcalde Rosales iría pronto a la cárcel. Al gobernador electo de Miranda lo calificó de fascista y dijo que también debería estar preso. Al Alcalde metropolitano de Caracas lo desconoció y solo llama alcalde de Caracas al chavista elegido en Libertador, una zona de la ciudad. Los gobernadores de Carabobo y Táchira, golpistas. Así acusa y amedrenta el presidente de todos los venezolanos.

La respuesta a las actitudes conciliatorias y de acercamiento al Gobierno de los nuevos mandatarios para trabajar conjuntamente, anteponiendo los intereses nacionales, fue negativa y los amenazó con vigilarlos muy de cerca excluyéndolos, en un acto grotesco, al nombrar a varios de los elegidos en alcaldías y gobernaciones por su partido como invitados permanentes del concejo de ministros. A ello, se suma la utilización de una de las leyes de facultades, para modificar la estructura político-administrativa creando nuevos entes territoriales con su propia administración por encima de alcaldes y gobernadores.

La orden ha sido directa y prestamente entendida por la masa chavista, que ya se moviliza. Personajes como Lina Ron que dirigen grandes grupos de extremistas, casi todos armados, ya han declarado la "oposición del pueblo a los usurpadores". En una sociedad donde la división y el odio de clases ha sido uno de los legados de este régimen, el último llamado a oponerse a los resultados electorales, utilizando una vieja táctica leninista de huir hacia delante, le facilitará la distracción necesaria para enfrentar los serios problemas económicos que vendrán a partir del año entrante. Pero con ello habrá prendido la mecha de una violencia y confrontación política con efectos incalculables.  

Alberto Schlesinger Vélez

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