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Alberto Schlesinger Vélez

Varios interrogantes

Publicado el 23-10-08

El desplome petrolero genera toda clase de incertidumbres. Nuestra principal preocupación debería ser el efecto que causará en las economías petróleo-dependientes de nuestros dos principales compradores: Venezuela y Ecuador.

Al sector externo, caracterizado hoy por la dependencia de los commodities, los cuales recibirán el mayor impacto de la recesión en camino, y por la concentración en los mercados tradicionales, se le suma la dependencia de nuestros dos vecinos del ingreso petrolero. A ellos vendimos el año pasado cerca de US$6.500 millones, equivalentes al 21,7 por ciento de nuestras ventas externas. Además, son las más diversificadas y con mayor valor agregado del universo exportador.

El impacto más evidente e inmediato será en Venezuela. A pesar de todos los modelos y proyecciones que se hagan -de los cuales recibimos un par en un excelente foro realizado recientemente por la Cámara Colombo-Venezolana- hay muchos interrogantes que quedan sin resolver.

El primero, es la situación de Pdvsa, eje del sistema productivo, cuya situación empeora a ojos vista. El control de sus ingresos y su destinación hacia otros fines, como la vivienda y la distribución de alimentos, sin mencionar los 'maletines', que corren por la región, han drenado una parte importante de sus recursos en desmedro de la producción.

Esta, a duras penas, supera los 2,3 millones de barriles diarios, mientras la subsidiada, dirigida al mercado interno, aumenta, llegando a 800 mil barriles día, lo cual arrojó el año pasado una pérdida de 4 mil millones de dólares frente al costo de producirlos, y de cerca de 9,1 millones en relación con los precios internacionales. Con escenarios que tienden a colocar el barril venezolano en un rango inferior a los US$70 y la caída de la producción, no hay optimismo que valga.

Desde el punto de vista fiscal, el gasto público -sustento interno y externo del régimen- se calcula que al finalizar este año electoral tendría un crecimiento del 60 por ciento, esto es más el 30 por ciento en términos reales. La inflación superará el 30 por ciento, y cálculos serios arrojan como resultado del desborde en el gasto y del ajuste cambiario -que por razones fiscales es inaplazable-, una inflación en alimentos y bebidas no alcohólicas cercana al 100 por ciento el año entrante. En reciente estudio, Venezuela es el país petrolero más débil, requiriendo US$95 por barril tan solo para equilibrar sus cuentas. El doble de lo que necesita Arabia Saudita.

Ante la pregunta de qué preferiría Chávez, inflación o un apretón fiscal real y a fondo, la mayoría coinciden en la inflación. Al fin de cuentas, su esquema político le permitiría mayor control con pueblo dependiente y sometido a ceder la chequera, que en últimas es la que lo mantiene en el poder.

El otro interrogante es ¿con cuántos recursos cuenta Venezuela para enfrentar la caída de sus ingresos externos? En reservas en el Banco Central se contabilizan cerca de US$39.000 millones, aunque las decretadas en poder del banco deberían ser de US$32.000 millones. Lo que no se sabe, porque no hay ni registro público ni control, es cuánto hay en los fondos en que se fraccionaron los 'excedentes cambiarios', como el Fonden, el Fondo Chino, el Bandes y el Banco Industrial.

El Gobierno dice que cuenta con US$100.000 millones. Analistas moderados tasan esos excedentes en US$44.000 millones y otros más realistas en US$22.000 millones. Lo que no se conoce es cuánto está comprometido, ejecutado, perdido o lo más importante, si el Gobierno está dispuesto a entregar lo que logró sustraer del control público para enjugar un déficit. Solo los pagos pendientes por las cementeras, petroleras, Sidor y el Banco Venezuela son de US$12.000 millones. Por razones de abastecimiento y monetarias debe importar cerca de US$45.000 millones. Hay que hacer la aritmética. El escenario será un Cadivi mucho más restrictivo y selectivo, y una moneda devaluada en por lo menos un 30 por ciento.

albertosch@cable.net.co

Alberto Schlesinger Vélez

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