De la cacería y las brujas

18-06-09 -
Regresamos al oscurantismo y a la barbarie contra todo aquel que ejerza el libre pensamiento y lo manifieste en las palabras o en los escritos. Históricamente se ha relacionado el fanatismo religioso con la caza de brujas. En Europa Central, y a inicios de la Época Moderna, entre el siglo XV y el XVIII, se desarrolló una acción contra la herejía, como un combate a la magia y la brujería con denuncias, procesos y ejecuciones en masa. Bastaban rumores o habladurías para poner en funcionamiento el aparato judicial y se llegaba, mediante la tortura, a obtener confesiones falsas.

El Macarthismo o Macartismo, en los años cincuenta del siglo pasado, desencadenó un proceso de delaciones, procesos judiciales y listas negras contra personas de las que se sospechaba eran comunistas, los que eran juzgados, obligados a exilarse o condenados, en la práctica sin fórmula de juicio. Las brujas eran los sospechosos de comunismo, era la caza de comunistas. En nombre de la 'Seguridad Nacional' o 'Seguridad Democrática' se ha perseguido en diferentes culturas y gobiernos a los opositores al régimen de turno, sin respetar los derechos civiles.

En Colombia hemos tenido de todo como en botica. Desde un coronel de apellido Ñungo, en tiempos de la antigua Constitución, cuando vivíamos en Estado de Sitio casi permanente que patentó su famosa parábola: "es mejor condenar 100 inocentes que dejar libre a un culpable", hasta las 'confesiones' obtenidas bajo tortura en los cuarteles de la escuela de caballería, las clonaciones de testigos, demostradas, orquestadas por los fiscales sin rostro, en el caso de los sindicalistas de Ecopetrol, las denominadas 'chuzadas', los 'falsos positivos', un computador manejado por un genio de la informática que todo lo puede y todo lo cuenta.

Pero, ahora hemos evolucionado hacia una nueva etapa. Del gracejo de Jorge Child, que tachaba a los militantes del Partido Comunista de 'Mamertos', pasamos al del señalamiento, para incluir a todos aquellos que no comparten las tesis del Gobierno, de militar en las filas del 'mamertismo'; de ahí a aplicarles el calificativo de enemigos de la seguridad y la democracia, hay tan solo un paso.

Tengo que reconocer que los debates económicos que ha realizado el senador y humanista Jorge Robledo en materia económica y sobre el TLC y la evolución de la política agrícola, así como en otras materias, han sido brillantes, estudiados y serios. Debo también reiterar que admiro la constancia y discreción con que la senadora Piedad Córdoba se la ha jugado en su papel de mediadora en el intercambio humanitario.

Tachar al senador Robledo de tener algo que ver con las Farc, cuya vida ha sido la de un académico que desde las aulas de la Universidad Nacional enseñó recta y dignamente valores, ética y conocimiento a varias generaciones de colombianos, y que ha logrado transmitir un ejemplo de dignidad en el ejercicio de la política; o negar en la senadora Córdoba su valiente papel por la consecución de la paz y el intercambio humanitario, sería como tachar a nuestro religioso Procurador de hereje y someterlo a los tribunales de la inquisición.

De cacerías de brujas y Macartismo deberíamos estar curados. Infortunadamente, es tan solo una ilusión. Regresamos al oscurantismo y a la barbarie contra todo aquel que ejerza el libre pensamiento y lo manifieste en las palabras o en los escritos. 

dgumanam@unal.edu.co
GERMÁN UMAÑA M. Profesor (P) Universidad Nacional

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