Keynes no basta

29-04-09 -
La pregunta central no es sobre cuándo se va recuperar la economía mundial, sino cuál será el camino hacia un funcionamiento más balanceado, menos de- sigual del capitalismo a escala global. Los gobernantes, siempre sesgados válidamente hacia el optimismo, convocan la esperanza de una recuperación del crecimiento y la estabilidad financiera global en un futuro más bien próximo. Pero la cosa no es fácil.

La pregunta central no es sobre cuándo se va recuperar la economía mundial, sino cuál será el camino hacia un funcionamiento más balanceado, menos desigual del capitalismo a escala global.

El proceso anterior no puede seguir. La nueva era del capitalismo mundial solo puede arrancar sobre bases completamente diferentes. Los arquitectos del nuevo régimen no estarán pensando en una economía mundial más capaz de erradicar la desigualdad y la pobreza de la vida humana. No. Estarán pensando más bien en la reducción del riesgo de aparición de una burbuja tan colosal, y tan abarcadora, como la que precedió a esta crisis. Lo de la desigualdad y la pobreza es más difícil: hay que excavar más profundamente.

Instalar un crecimiento alto y estable será resultado de acciones estatales que deberán ir mucho más allá de la generación de increíbles déficit fiscales, principalmente en Estados Unidos, y de la expansión inaudita del crédito de los bancos centrales de los países ricos. Estas medidas son necesarias, pero solo pueden dar un respiro en la andadura hacia una nueva arquitectura del capitalismo mundial. La crisis financiera global será una presencia persistente, y con certeza irá más allá del final de 2009.

Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff, economistas de las Universidades de Maryland y Harvard publicaron hace un poco más de un año un ensayo sobre los rasgos comunes de las crisis financieras en los países más avanzados. (Is the 2007 U.S.

Subprime Crisis So Different? An International Historical Comparison. American Economic Review Vol. 98 No. 2). En enero de este año, los autores presentaron en un seminario técnico una actualización y una ampliación de las bases de información de su artículo inicial, para incluir datos sobre crisis bancarias en países más pobres, incluyendo la crisis bancaria colombiana de 1998 (The Aftermath of Financial Crises, borrador diciembre de 2008).

Las conclusiones de estos ensayos son muy interesantes para la comprensión de la historia. En primer lugar, las grandes crisis financieras de las naciones pobres se parecen mucho, en sus antecedentes y sus implicaciones, a las de las naciones ricas. En segundo lugar, las crisis financieras generan caídas en el PIB que duran, en promedio dos años. Los mercados de activos registran profundas caídas de precios: el valor de la finca raíz declina, según los artículos, en un promedio de 35 por ciento a lo largo de seis años, y el desempleo sube en promedio 7 puntos en un periodo que puede llegar hasta cuatro años. Un resultado especialmente relevante: la deuda pública se expande en un promedio de 86 por ciento, y ello no se debe principalmente al costo de la capitalización o nacionalización de las entidades financieras, sino a la disminución del recaudo tributario. Un resultado significativo, que merecería una elaboración adicional: en la muestra de trece crisis financieras utilizada por Reinhart y Rogoff, Colombia tuvo, en los tres años siguientes a la crisis de 1998, un aumento acumulado de la deuda pública del 170 por ciento. Para la muestra el promedio fue 86 por ciento.

Sabemos que esta crisis financiera no tiene precedentes. En consecuencia, es razonable prever que el mundo deberá nadar en el pantano durante un tiempo considerable antes de recuperarse del desempleo y la recesión. Pero el mundo anterior a 2008, tan profundamente desajustado en sus balances comerciales, fiscales y financieros entre países y regiones, no volverá. No bastará el estímulo fiscal y monetario. 

cgonzalm@cgm.com.co
CÉSAR GONZÁLEZ MUÑOZ Consultor privado

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