Un asistente al Foro Económico y Mundial celebrado en Brasil la semana pasada, comentaba la intervención del presidente Luiz Inácio 'Lula' da Silva en relación con su experiencia en la Cumbre del G-20, cuando contaba lo que representaba para una persona como él, de origen humilde, el poder asistir a una reunión de esas características con la presencia de los jefes de los países más desarrollados. Y describía la sorpresa que tuvo al encontrar que frente a la crisis económica todos esos señores tan importantes, líderes de países con tanta historia y recursos estaban tanto o más confundidos que él sobre la situación.
Esa anécdota pone de presente uno de los rasgos de esta crisis, y es el desconcierto y la confusión que caracteriza a quienes deberían estar tomando las grandes decisiones para superar el problema. Los palos de ciego que se están dando serían de por sí muy preocupantes, pero no lo es menos la timidez de las conclusiones a las que llegaron en la cumbre de Londres.
Frente al tamaño del problema hubiera sido deseable una acción colectiva que, por lo menos, llevara a establecer una agenda orientada, de manera precisa, a recomendar los ajustes y cambios requeridos por el sistema financiero internacional. Una nueva versión de Breton Woods hubiera sido una reacción a la altura de las circunstancias y, como mencionaba en una columna anterior, podría haber sido el momento para que apareciera el Keynes de este siglo, que llevara fórmulas creativas y nuevas aproximaciones al manejo de una situación que no ve todavía una salida.
Desafortunadamente, esto no parece estar cercano, y si bien es cierto que algo se avanzó con la decisión de fortalecer la banca multilateral y atacar posturas como la de los paraísos fiscales, son estas medidas todavía muy tímidas para enfrentar con éxito una situación tan compleja.
No es menos cierto que los mercados son impredecibles, y ya van varios días en que presentan comportamientos menos negativos e, incluso, más de uno piensa que ya se llegó al fondo del problema. Difícil saber si esto es así, y ojalá tengan razón.
Lo que no se puede afirmar, si comienza la recuperación, es que sea producto de medidas coordinadas y bien articuladas, sino más bien, del mismo carácter impredecible de los mercados. Ya sea que la tendencia comience a cambiar o que la crisis se profundice, lo cierto es que han quedado en evidencia las grandes falencias que presenta el modelo económico vigente durante las últimas décadas.
Ha quedado claro que el mercado no se autorregula adecuadamente y que, a la postre, mucho de lo sucedido tiene que ver con la falta de controles y de medidas de política que hubieran atacado riesgos que se habrían podido evitar.
Colombia presenta una situación menos vulnerable que la gran mayoría, y resultó muy acertado acudir al FMI para tener disponibilidad de los recursos no condicionados que se han puesto a disposición de economías menos emproblemadas. El esfuerzo del país debería concentrarse entonces en contrarrestar las tendencias negativas (que son muchas) y evitar un descalabro, antes que seguir dedicados a la politiquería a la que estamos hoy sometidos.