En la nota que publiqué el viernes pasado en El Tiempo presenté un breve resumen del concepto de los cisnes negros desarrollado por Nassim Nicholas Taleb, quien le ha dado ese nombre a los eventos que tienen un gran impacto negativo o positivo y que son difícilmente predecibles o no son previsibles. Taleb también dice que la mayor parte de las predicciones que hacen los técnicos son inútiles, porque no hay ninguna garantía de que el futuro se parezca al pasado, entre otras cosas, porque van a aparecer estos cisnes negros que no se pueden predecir, y no son siquiera imaginables. Un lector me hizo llegar por coincidencia un artículo que apareció la semana pasada escrito por Edmund Phelps (Uncertainty bedevils the best sytem, Financial Times). Phelps dice que la incertidumbre provoca descalabros aún en los mejores sistemas y que en los años 20 y 30 del siglo pasado, notables economistas habían hecho notar lo que está destacando Taleb ahora.
Una de las grandes flaquezas del desarrollo capitalista es que la creatividad inherente al sistema genera incertidumbre -un ambiente económico esencialmente impredecible. Frank Knight sostenía ya en 1921, que las empresas no evolucionan en ambientes en los que se conocen todos los posibles desenlaces, ni las probabilidades de que ocurran (si conociera esto podrían asegurarse contra eventualidades negativas). Es más, ni siquiera conocen todas sus opciones. El mundo financiero y las decisiones de inversión, tanto en el sector financiero como en el real, se desarrollan en ese ambiente de incertidumbre plena. Phelps recuerda que en 1936, John Maynard Keynes comentaba que el conocimiento que se aplica para valorar inversiones es precario y que, en consecuencia, las creencias de los que llevan a cabo las inversiones no tienen mucho fundamento.
Hace veinte años quizás nadie hubiera sido capaz de predecir que el teléfono sería desplazado por el celular, o que el celular se convertiría en el 'teléfono' de los colombianos más pobres. La mayoría de las decisiones y de las políticas de largo plazo de las empresas de telecomunicaciones aquí y en el resto del mundo fueron probablemente equivocadas, y algunos de los aciertos fueron chepazos.
Por todo lo anterior, Taleb recomienda que como nunca se sabe lo que va a suceder, hay que estar preparados para no dar papaya.
Esto tiene aplicación tanto en el caso del sector privado como en el del sector público. Pero muchas veces no se hace algo, porque la idea de que nada malo va a suceder emboba a los que pueden tomar medidas. En el manejo de la economía colombiana está ocurriendo eso. Sabemos que viene un tsunami. Pero en lugar de construir diques o coger monte arriba, seguimos en la playa oteando plácidamente el horizonte y regañando a los aguafiestas que repiten que viene el desastre (los toman del brazo y les dicen con voz grave que 'hay que tener cuidado', para no alarmar a la gente).
Eso mismo le está sucediendo al resto de América Latina. Afuera se derrumba el mundo y en la región nos sentimos blindados. Claro que nadie más que los Kirchner. Adrián Ventura escribe en La Nación que "la Argentina es una potencia desarrollada. Por obra y gracia del Gobierno, no hay inflación, hay plena seguridad; cada vez hay menos pobreza, la economía sigue con viento en popa y, ahora, no hay dengue. El éxito del Gobierno argentino es total y lo logró con la máxima eficiencia, sin esfuerzo alguno, como corresponde a un verdadero político argentino". En Colombia estamos pasando sorprendentemente de 2.800 secuestrados a menos de 200. ¿Nos argentinizamos?