¿Ahora somos todos keynesianos?
03-03-09 -
El programa de reactivación que ha diseñado la Administración Obama es un plan de clara estirpe keynesiana.
"Ahora somos todos keynesianos", dice Stiglitz; "ahora todos somos socialistas", anuncia la revista Newsweek en su carátula.
¿Qué está pasando? ¿Por qué la crisis económica mundial está dando pie a tan rotundas declaraciones? ¿Cuál es el alcance de las mismas?
El retorno al keynesianismo parecería tener un doble significado: de una parte, ya nadie cree que los mercados financieros se autorregulen sabiamente; se pensó en algún momento. Pero de otra parte, en la mejor tradición keynesiana, se ha vuelto a mirar hacia la política fiscal como un instrumento idóneo para sacar a las economías del berenjenal en que se encuentran.
El programa de reactivación que ha diseñado la administración Obama es un plan de clara estirpe keynesiana, que acercará la economía norteamericana a los vituperados patrones europeos de intervención y de mayor gasto público. Recuérdese cómo el presiente 'Bush II' se refería despectivamente a la 'vieja Europa', como el modelo anticuado que no había que imitar.
Tomando en cuenta los gigantescos programas de incentivos fiscales que han sido aprobados por el Congreso norteamericano, se estima que, mientras hace una década el gasto total del Gobierno americano ascendía a 34,3% del PIB comparado con 48,2% en la zona europea, para el 2010 E.U. estarán en un nivel de gasto público del 39,9% frente a 47,1% de la zona euro. Es decir, la distancia del volumen de gasto público entre las dos áreas se está cerrando.
Mientras todo el mundo coincide en que los gobiernos deben hacer algo grande para contrarrestar la crisis, la inquietud que empieza a aparecer es la siguiente: ¿qué va a pasar con la estabilidad fiscal una vez se supere la crisis? ¿Hasta dónde será prudente que suban el déficit público en esta emergencia? ¿Se estarán sembrando las semillas de un resurgimiento de la inflación? En síntesis, ¿cuáles son los límites prudentes de la política anticíclica? ¿O ésta, ante la gravedad de la crisis, no debe tener límites?
Estos interrogantes comienzan a aflorar con fuerza. Es sabido, por ejemplo, que la controversia está presente al interior de la comunidad europea donde Francia es partidaria de ir más lejos aún en materia de déficit público anticíclico, al paso que Alemania (quizás, porque recuerda los demonios de la hiperinflación de los 20 y de la Segunda PosGuerra del siglo pasado) preconiza políticas anticíclicas mucho más cautelosas.
Y en E.U. el debate también ha aparecido. Lo vimos durante la discusión en el Congreso del paquete de estímulos fiscales por valor de US$850.000 millones. No se logró una postura bipartidaria como la que quería el presidente Obama. Los republicanos jugaron el rol de cautelosos y los demócratas el contrario.
Pero lo que es aún más interesante: ya aprobado el programa de estímulos, el propio presidente Obama ha convocado en la Casa Blanca a una jornada de reflexión sobre la sanidad y el futuro fiscal de E.U., una vez se salga de la crisis. Y en su primer discurso ante el Congreso se ha comprometido a disminuir a la mitad el déficit fiscal para cuando termine su primer mandato. De la misma manera en Colombia se habla del 'posconflicto', allá se está comenzando a reflexionar en los efectos fiscales de la 'poscrisis'.
Este debate no está sobre el tapete en Colombia. Nuestra política anticíclica es más simple y modesta. ¡Está reducida a esperar que Andrés Uriel construya rápido las muchas carreteras que ha ofrecido!
restrepo@juancamilo.com.co JUAN CAMILO RESTREPO
Ex ministro de Hacienda
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