Terminada la fiesta...

30-01-09 -
Hay que reestablecer la confianza. La primera, la del ahorrador que debe retornar a invertir en los bancos y empresas y la segunda del consumidor. Concluidos los festejos de la posesión de Barack Obama, se abocó la difícil labor de solucionar una de las crisis económicas más graves de que se tenga memoria. No obstante, la rapidez con que en los últimos meses se destapó el conflicto, cuyas señales unos pocos detectaron un año antes, y muchos no pudieron o no quisieron reconocer, la nueva administración pudo iniciar la preparación de políticas de choque, las cuales dependen principalmente del Congreso.

La última fase, con las llamadas subprimes, se expandió a nivel mundial, afectando los sistemas financieros y de ahorro, el consumo y la producción, generando una masiva caída en las bolsas de valores, tasas alarmantemente crecientes de desempleo y hasta fraudes enormes como el de Madoff.
Hasta hoy se han desvanecido enormes capitales difíciles de determinar. Los gobiernos y bancos centrales han inyectado cifras gigantescas para evitar un colapso. Como si una alcantarilla por encima de la cual todos pasábamos se hubiera rebosado y de allí saliera a borbotones cualquier cantidad de cosas que no pensábamos que pudieran existir.

En la medida en que pasan los días, la Administración Obama trata de clarificar los obstáculos que tiene ante sí. Primero, determinar la magnitud del daño para detener la hemorragia estableciendo lo que se requiere para ello. Empezamos con US$700 billones, cuya primera mitad ya se utilizó sin que el objetivo de empezar a reestablecer el crédito se hubiera logrado. La reacción, engañosa, es la que han debido utilizarse directamente en evitar los vencimientos hipotecarios y no llevarlos al sector financiero 'causante de la desgracia'. Se equivocan quienes piensan así, pues este sector es la columna vertebral del sistema y por mucho que nos disguste su proceder, si sucumbe cae todo el andamiaje.

Hay que reestablecer la confianza. La primera, la del ahorrador que debe retornar a invertir en los bancos y empresas y la segunda del consumidor. Desafortunadamente, ante los balances de las principales instituciones financieras plagados de 'activos tóxicos' cuyo valor comercial no se conoce, y la desaparición de su capital, difícilmente se puede esperar que coloque su dinero en estas instituciones. Habrá que limpiarlos mediante la 'compra' por parte del Gobierno de estos activos, lo cual requiere celeridad y saber cuánto valen. Para ello, el antecedente de la crisis de los Savings and Loans, es muy valioso.

En cuanto al consumidor, poco podrá lograrse cuando el riesgo de desempleo crece vertiginosamente, impulsado por las quiebras y los planes de reestructuración que empiezan por enormes despidos y cierres, y el crédito que no reaparece.
La caída es profunda. El decrecimiento de la actividad económica se calcula en un 5% en el último trimestre y ya la bolsa ha caído en este año en cerca del 7%. Además de medir el tamaño del problema, determinar y obtener los recursos para contenerlo, escoger el camino más directo, evitando el gasto ineficiente y la dispersión de recursos, la administración Obama enfrenta el obstáculo del Congreso, donde las cosas no son tan claras como pudieran parecer.

Entre los demócratas y republicanos hay 20 años de agria y tensa disputa. Personeros agresivos como Nancy Pelosi y Harry Reid no favorecen la interlocución con los republicanos. Estos apoyan el programa de reducción de impuestos presentado por el Presidente desde la campaña. Los demócratas son cada vez más renuentes a ello. Los republicanos no aceptan más dinero para las empresas automotrices. Los demócratas por sus vínculos con los sindicatos no ceden en este campo. Y todos, con razón, exigen control, pero además, tajada de los US$825 billones que se pide para el plan de reactivación y generación de empleo. El posicionamiento de Obama cada vez más al centro, tiene enfurecidos a muchos que no entienden así el cambio prometido. Mientras tanto el tiempo corre, la solidez y homogeneidad del respaldo político se resquebraja y la coherencia de la política y el horizonte se desvanecen.
ALBERTO SCHLESINGER VÉLEZ Profesor Universidad Sergio Arboleda

COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.