Golpes de pecho tardíos

Diciembre 9 de 2008 -
Reconoce que su mayor error consistió en haberle dado credibilidad a las agencias de inteligencia de E.U.

El presidente George W. Bush se despide con una confesión realmente patética (cadena ABC): reconoce que el mayor error de su Gobierno consistió en haberle dado credibilidad a los informes de las agencias de inteligencia de los Estados Unidos sobre que Saddam Hussein disponía de "armas de destrucción masiva".

Al amparo de esta falacia desencadenó la guerra de Irak; mandó a la muerte a más de 4.000 soldados norteamericanos y a muchísimos aliados, lo mismo que a un sinnúmero de ciudadanos iraquíes; envenenó quién sabe por cuánto tiempo las relaciones entre el mundo árabe y Estados Unidos; no solucionó, sino que por el contrario ahondó la crisis geopolítica del Medio Oriente; y según el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, en su último libro, ésta aventura le ha costado a los contribuyentes norteamericanos tres billones de dólares (tal como contabilizan los anglosajones los billones), es decir, cuatro veces más de que lo que vale el paquete de medidas aprobadas recientemente para reactivar la economía de Estados Unidos.

Pero lo que resulta más chocante en toda esta desvergonzada historia es que la evidencia de que en Irak no había armas de destrucción masiva era algo comprobado hasta la saciedad desde 2003.

Es decir, durante cinco años -a ciencia y paciencia- Bush engañó al pueblo norteamericano, a sus aliados y al mundo entero. Y solo ahora -con infinito cinismo- y a punto de dejar la Casa Blanca, viene a darse golpes tardíos de pecho.

Pero la patética confesión con que se despide no termina allí: agrega que él no estaba preparado para dirigir la guerra; y que cuando lo eligieron no aparecía este tema en su agenda política. Y completa su ridícula confesión con la afirmación de que las guerras son algo demasiado complejo en el mundo contemporáneo

¿Y es que acaso cuando los norteamericanos eligieron a Lincoln o a Roosevelt los escogieron para hacer la guerra? No. El conflicto nació en mitad de sus mandatos. La gran diferencia entre las guerras que debieron afrontar aquellos dos grandes hombres de Estado norteamericanos y la menesterosa guerra de George W. Bush, consiste en que las primeras estaban recubiertas de profundas razones éticas y morales que les daban toda la legitimidad. En cambio la de Bush fue -y aún es- una guerra que se montó sobre la mentira y careció siempre de legitimidad ética.

¡Qué triste constatar como colombianos que en el 2003, en desarrollo de una mal entendida solidaridad de nuestra diplomacia con la norteamericana, entregamos nuestro voto sumiso en las Naciones Unidas para respaldar la invasión de Irak!

Y qué contraste con otros países Latinoamericanos, igualmente amigos de Estados Unidos como Brasil, Chile o México, que tuvieron el coraje y la personalidad diplomática de disentir con memorables votos negativos en Naciones Unidas frente a esta aventura decretada por el cowboy texano. Que ahora se despide con golpes de pecho tardíos en los que nadie cree.

jotacrestrepo@yahoo.es

Juan Camilo Restrepo / Ex Ministro de Hacienda

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