Réquiem por un 'gemelo'
18-08-08 -
Transcurridas unas pocas semanas desde que el Gobierno Nacional mostró su complacencia por el muy buen comportamiento de la economía en el 2007 (segundo mayor crecimiento de la historia), muchos analistas saltaron o saltamos a la palestra a advertir que esta situación difícilmente se podría repetir en el presente año, por factores tanto exógenos como endógenos. Dentro de los primeros, obviamente la desaceleración de la economía mundial, la crisis financiera en E.U. y la reaparición y propagación de la inflación también a nivel mundial Dentro de los segundos, la política monetaria contraccionista, la apreciación del peso y lo que los expertos llaman la coexistencia de los déficits gemelos, uno en el frente de las finanzas públicas y el otro en el frente externo por un previsible desequilibrio en la balanza comercial.
Con la información disponible al cabo del primer semestre, se puede concluir que las previsiones pesimistas sobre los gemelos, se están cumpliendo solo parcialmente. El déficit fiscal sigue robusto y rozagante como lo confirman las cifras globales del proyecto de presupuesto para el 2009, duramente criticado por ir en contravía de lo que la teoría económica recomendaría en la actual coyuntura. El gasto público sigue in crescendo bien sea por la alta inflexibilidad que lo caracteriza, o por falta de voluntad política en vísperas de contiendas electorales o reeleccionistas.
Por el contrario, el otro déficit -el del sector externo- parece estar en vía de extinción y prácticamente enterrado y sepultado. Al cierre del primer semestre, las exportaciones totales ascendieron a US$19.000 millones, lo que permite pensar que al culminar el año podremos alcanzar la cifra récord de los US$40.000 millones. Es obvio que las importaciones también van disparadas y eso está muy bien, pues el bienestar de una sociedad está en la disponibilidad de bienes y servicios para satisfacer necesidades -no importa de dónde provengan- y no en acumular dólares o divisas (metales preciosos), como erróneamente proponían los mercantilistas hace unos 500 años.
Se dirá que los precios que han alcanzado el petróleo y otras materias primas explican en muy buena medida el extraordinario resultado. Sin embargo, en las exportaciones no tradicionales se observa también un crecimiento muy significativo (22.9%) a pesar de estar inmersos (por lo menos hasta hace un par de semanas) en el más profundo y agudo proceso de revaluación de nuestra moneda nacional. ¿Se justifica, entonces, la política de ayuda o de subsidios que el Gobierno ha venido otorgando a algunos pocos sectores de la economía, que aparentemente no se están viendo afectados, o si lo están en alguna medida, no son los únicos ni los más perjudicados.
La otra explicación está en la gran demanda que por productos colombianos proviene de los mercados de Venezuela, a pesar de que políticamente nos separan años luz de distancia.
Curiosamente, según el Dane Cúcuta, es la ciudad que ostenta el menor nivel de desempleo a nivel nacional y al mismo tiempo, según el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, Cúcuta es la ciudad colombiana más cercana a territorio venezolano. ¿Seguridad
Democrática o petrodólares de allende la frontera?
El hecho cierto y contundente es que estamos lejos de una crisis de balanza de pagos, a pesar de la desaceleración mundial y de la revaluación interna, y por el contrario semana tras semana en los corredores del Banco Central se siguen arrumando ingentes cantidades de dólares. Entonemos con alegría y alborozo entonces un réquiem por el gemelo desaparecido y dediquémonos más bien a pensar ¿qué hacer con tanta bonanza?
gpalau@urosario.edu.co Gonzalo Palau R.
Profesor de Economía, U. del Rosario
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