Y del Atpdea, ¿qué?
13-08-08 -
Con el TLC en remojo sería mejor aún una extensión de 24 meses, que contemple la compleja situación en Washington.
La demora en la consideración del Tratado de Libre Comercio en el Congreso de Estados Unidos y el obligado receso de verano en Washington, nos confirman que este es el momento propicio para reforzar nuestro interés político y comercial en el cabildeo por el TLC, y también en las preferencias que nos concedió por vez primera la administración del entonces presidente George H. W. Bush, padre del actual mandatario estadounidense, el 4 de diciembre de 1991.
Las preferencias andinas, denominadas inicialmente Atpa (Andean Trade Preference Act), han sido un valioso instrumento en la lucha contra las drogas ilícitas y el fortalecimiento de los sectores productivos intensivos de mano de obra de los países beneficiados: Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.
El Gobierno estima que al menos 300 mil empleos dependen directamente de las preferencias del Atpa, provenientes principalmente de la industria de flores, confecciones y calzado, que son los sectores productivos después del petróleo (sector que explica el 80 por ciento del total de las preferencias arancelarias), que en mayor grado se benefician de las excepcionales condiciones de acceso al mercado de Estados Unidos.
Los otros productos de exportación que aprovechan las preferencias son plásticos, productos de aluminio, cerámicas y azúcar.
Las preferencias andinas se otorgaron inicialmente por diez años, consistentes en una franquicia arancelaria para casi la totalidad de nuestras exportaciones de bienes a Estados Unidos como compensación a nuestra lucha contra el narcotráfico.
El programa fue renovado y ampliado por cinco años por la administración del actual presidente George W. Bush por medio del Atpdea (Andean Trade Promotion and Drug Erradication Act) en octubre 31 del 2002.
Luego vendrían tres extensiones, cada vez por menos tiempo; la última de ellas prorrogó su vigencia de febrero 28 hasta el 31 de diciembre de 2008.
Este cambio de ritmo en la renovación y la vigencia de las preferencias del Atpdea no ha estado exento de contratiempos, pues la incertidumbre que genera su prórroga ha ocasionado mayores costos, la pérdida o el aplazamiento de pedidos y el recorte en el empleo de varias empresas del sector productivo nacional.
En el caso de las flores, el carácter extemporáneo y retroactivo de la extensión del 2002 se tradujo en costos financieros adicionales que en su momento golpearon a este sector.
En cuanto a los confeccionistas, la inestabilidad comercial ligada a las prórrogas de corto plazo del Atpdea generó el desplome del 31,4 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos y la pérdida de 6.500 empleos en el 2007.
Bolivia y Ecuador, sin Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, piden una extensión no inferior a cinco años. Perú, con el TLC a punto de caramelo, requiere pocos meses.
Colombia, con el TLC todavía en remojo, precisa una prórroga mínima de 12 meses, y mejor aún de 24 meses, que contemple la compleja situación política en Washington y le permita a los sectores beneficiados una mayor estabilidad en la planificación de sus órdenes comerciales hasta el 2010. Andrés Espinosa Fenwarth
Asesor del Ministro de Agricultura
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