Reflexión sobre fletes
12-08-08 -
Dichos precios son uno de los factores que definen hoy en día si un país es competitivo o no en la dura lucha internacional por los mercados.
Dos paros camioneros en menos de dos meses -uno de ellos aún en curso- deben hacernos reflexionar sobre lo que está pasando.
Algo muy de fondo tiene que estar marchando mal en la organización del trasporte de carga en el país como para que se presenten estas traumáticas circunstancias.
La polémica entre camioneros y Gobierno aunque ha versado sobre muchos temas, parece concretarse en un asunto central: ¿se está haciendo cumplir la famosa tabla de fletes? Este ha sido el florero de Llorente.
Los gremios camioneros alegan que el Gobierno les fijó por decreto unas tarifas mínimas que deben respetar los despachadores de la carga. Alegan que tales tarifas no se han hecho cumplir. Y por eso paran.
Pero la pregunta podría formularse de otra manera: ¿por qué deben existir tarifas de fletes fijadas por decreto?, ¿por qué los costos del transporte de carga en Colombia deben escapar a las leyes del mercado, mientras que para muchísimos otros sectores los costos de lo que compran o los precios de lo que venden resultan de aquellos puntos en que se encuentran oferta y demanda, y no de decreto alguno?, ¿por qué la economía de mercado juega para la mayoría de las actividades y no para el transporte de carga?
Durante los últimos años el país se ha sobre equipado en vehículos de transporte de carga de carretera. Se calcula que actualmente, este sobre equipamiento puede ser del orden del 45 por ciento con relación a las verdaderas necesidades.
Hay, pues, una gigantesca sobre oferta en la capacidad de movilización de carga. Y como sucede con cualquier bien o servicio que está sobre ofrecido, no es sorprendente que sus precios bajen. Así unos decretos pretendan mantenerlos artificialmente altos, fijándolos con alfileres.
El dólar barato, las facilidades de crédito, las ventajas tributarias, e inclusive (al decir de algunos) su importación como instrumento de lavado de activos, lo cierto es que en los últimos años el parque de vehículos de carga ha crecido exponencialmente. Al paso que la salida de servicio de los viejos (chatarrización) es muy deficiente.
Así las cosas, no podía suceder nada diferente a lo que está aconteciendo: que los precios del transporte -o sea las tarifas- bajen.
Pretender que suceda otra cosa es querer nadar contra la corriente y contra las leyes más elementales del mercado. Mientras se siga intentando mantener por decretos unos precios artificiales (más altos de los que dicta el mercado), seguirán los conflictos y los paros.
Y lo que es más grave: se le querrá trasladar a la industria, al comercio, a la agricultura, y a la postre a los consumidores todos, unos extracostos que no tienen por qué asumir.
Los costos del transporte de carga son uno de los factores qué definen hoy en día si un país es competitivo o no en la dura lucha internacional por los mercados.
Fijar administrativamente estos costos, y además, hacerlo de manera irreal, es un error que se termina pagando demasiado caro por toda la sociedad. Juan Camilo Restrepo
Ex ministro de Hacienda
COPYRIGHT © 2009 CEET Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Ver Términos y Condiciones.