De revaluación y presupuesto
16-06-08 -
A pesar de que la mayoría de los colombianos -aclarando que en economía no se aplica la democracia, o sea que la mayoría no necesariamente tiene la razón-, ve con complacencia y buenos ojos la apreciación del peso, es claro que algunos sectores económicos ponen el grito en el cielo, pues aparentemente sus utilidades se han reducido significativamente o incluso se han esfumado.
Haciendo eco a este reclamo, el Gobierno -a pesar de ser uno de los grandes ganadores con la revaluación- se une simbólicamente a las expresiones de desasosiego de esos sectores, aclarando eso sí que nada puede hacer por detener la caída del dólar y se limita a otorgar unos subsidios directos a los supuestamente perjudicados, contraviniendo el espíritu de la Constitución del 91, que taxativamente prohíbe que Gobierno y Banco de la República legislen y actúen en beneficio de unos pocos.
Hecha esta aclaración introductoria, vale la pena poner a volar la imaginación y pensar qué pasaría en la economía si súbitamente ocurriese lo que muchos añoran y es que el dólar se devuelva y se dispare. No sobra recordar que este deseo está latente desde que el dólar bajó, por allá a mediados del 2003, del piso de los 2.600 pesos.
Si el dólar comenzase de un momento a otro una espiral alcista, esto podría tener unas consecuencias muy graves, pues el efecto manada llevaría a que todos los inversionistas y administradores de carteras colectivas liquidasen sus posiciones en acciones y en inversiones de renta fija para subirse al tren de la alegría de la devaluación. Si ya estamos como estamos en materia de caída de los precios de las acciones (ver comportamiento del Igbc y del Colcap), ¿cómo sería el desplome si se crea la sicosis de la devaluación? De igual manera, la sobreoferta de títulos de la mal llamada renta fija sería de tal magnitud que las mini-crisis vividas en el 2003 y en el 2006 -por alza en las tasas de interés de mercado-, serían pálido reflejo y juego de niños frente a lo que ocurriría con sus precios de mercado. No sé si la ley lo permita, pero no sería extraño que los saldos de aportes pensionales de las personas formalmente vinculadas al mercado laboral pudiesen llegar a arrojar saldos negativos, o sea por debajo de cero.
En este orden de ideas es mejor que el peso siga fortaleciéndose a pesar de las tímidas intervenciones del Banco y de las inconsecuentes medidas administrativas adoptadas por el Gobierno y fuertemente criticadas hasta por el Presidente de la Bolsa de Valores, máximo representante del capitalismo criollo.
Sobre la decisión del Ministerio de Hacienda y de Planeación Nacional de reducir el escandaloso monto del presupuesto para el 2009, inicialmente aforado en $145 billones, vale la pena reconocer que el Gobierno actuó astutamente, pues lo que antes era motivo de crítica, ahora se considera una sabia decisión. El Gobierno actuó como una coqueta quinceañera, física y hormonalmente muy desarrollada, que mucha preocupación les generaba a sus padres por aquello de que fuera a caer en lo del 'gustico' a temprana edad. Para el fin de semana último, Zoila Manotas -así era su identidad- había anunciado a sus padres que el sábado se iría de rumba con sus amigos y regresaría a eso de las seis de la mañana del día siguiente. Después de unos días de reflexión y ante la preocupación manifestada, Zoila, finalmente recapacitó y les informó a sus padres que volvería a casa a eso de las cuatro de la mañana y no a las seis. Los padres respiraron aliviados sin caer en cuenta que siete minutos son más que suficientes para caer en una situación embarazosa.
El Gobierno con orgullo está también diciendo que ha recapacitado y en consecuencia hace un tímido recorte en el desproporcionado monto previsto para el 2009. Se gana el reconocimiento de los críticos, pero sigue gastando a manos llenas y con efecto procíclico, en contravía de lo que la ortodoxia y la disciplina fiscal suelen recomendar. Gonzalo Palau Rivas
Profesor de Economía, Universidad del Rosario
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