Dado por sentado el hecho de que la economía americana se encuentra en un período de recesión, lo que de ello sigue es el interrogante: ¿cómo afectará o cuál puede ser el impacto que tendrá el fenómeno en la actividad nacional?
Aceptando que la situación por la que atraviesa la economía colombiana es buena y que las posibilidades de defensa son ahora mayores a las existentes en el pasado, de todas maneras lo que ocurra allende nuestras fronteras, no cabe duda, tendrá consecuencias para nosotros, pues la globalización así lo determina.
Por eso, es importante tratar de identificar los sectores o las actividades sobre los cuales el impacto puede ser más significativo. Para hacer la tarea, viene bien repasar un poco las cifras registradas en el 2007, en particular en materia de crecimiento y de posición externa, de manera que se tenga un cuadro simplificado de la situación presente.
En primer lugar, según el Dane, el año pasado el crecimiento de la economía fue 7,5 por ciento, porcentaje superior al alcanzado en el 2006 y, desde luego mayor al de los años precedentes -es el más alto obtenido en dos décadas.
En segundo, en 2007, la inversión extranjera directa marcó un récord al contabilizar 6.758 millones de dólares, pero con la advertencia que las cifras de la balanza de pagos que contemplan los datos definitivos arrojan un resultado de 2.270 millones de dólares más. En una sola expresión, este renglón de la balanza señaló la importante cifra de 9.028 millones de dólares.
De otra parte, la contabilidad muestra que las remesas de colombianos residentes en el exterior alcanzaron el importante monto de 4.493 millones de dólares, cuando en el 2006, habían llegado a 3.890 millones de dólares. Hasta aquí las cosas están bien.
Lo malo está en que el déficit de la cuenta corriente subió de 3.056 millones de dólares en el 2006 a 5.851 millones de dólares el año pasado. Esto en buen romance, quiere decir que los colombianos están comprando en el exterior mucho más de lo que el país vende o, si se quiere ser un poco más crudo, que el gasto está bastante por encima de la capacidad de pago del país. Hasta aquí el cuadro de referencia.
A juzgar por las circunstancias, en principio la incidencia de la crisis externa puede concentrarse en tres áreas concretas: la inversión, las remesas y el financiamiento externo. A pesar del atractivo que tiene para los inversionistas el sector petrolero de nuestra economía, no solo por el interés de diversificar las fuentes de abastecimiento -quitarse de encima al pesado señor Chávez-, sino por los buenos retornos que brinda, no se puede ignorar que la disponibilidad de recursos para la inversión tiende a contraerse en la medida en que la crisis se intensifica.
Por lo que toca con las remesas, es evidente que la pérdida de empleos y las restricciones en el ámbito laboral, producto de las dificultades de la economía americana, afectan en forma negativa a las personas que toman de su ingreso una parte para ayudar a financiar los gastos de los familiares en los países de origen.
Antes de hacer la remesa, cuadran el presupuesto de las erogaciones personales para evitar mayores dificultades y de eso depende la mayor o menor disponibilidad de recursos para ayudas.
En cuanto al tema de financiación, a nadie le puede parecer extraño que la crisis conduzca irremediablemente al recorte de las fuentes y al encarecimiento de las líneas existentes.
La crisis lleva implícita en sí misma la reorientación de las operaciones de las entidades financieras, lo cual implica cambios importantes en las asignaciones y en los costos. La generosidad de las épocas de bonanza desaparece y el acomodo a los nuevos derroteros es traumático y costoso.
Gabriel Rosas Vega Ex ministro de Agricultura