La inmovilidad

06-02-2008 -

El DRAE define la movilidad como la cualidad de movible. Pero una cosa es que un elemento tenga la facultad de moverse y otra que se mueva; lo cual conduce a que el término movilidad, atribuído a las autoridades de tránsito, termina siendo un eufemismo. Porque nuestras ciudades y sus alrededores están colapsando, gracias al vertiginoso aumento de los vehículos en circulación. Los problemas se atribuyen a la deficiente infraestructura de nuestro país, que es un hecho palpable, pero dos razones adicionales contribuyen igualmente y de manera grave a agudizarlos: la indisciplina de los ciudadanos y la ausencia de autoridad.

¿Qué vamos a hacer con la creciente cantidad de carros y las mismas vías? Esta pregunta, por manida, ya ha pasado de moda hasta en las peluquerías. Pero seguramente muchos de quienes la formulan no se preguntan si están contribuyendo a que esas vías no presten el servicio adecuado, porque las obstruyen. En las ciudades -especialmente en la capital-, es prácticamente imposible encontrar una vía, así sea arteria, donde al menos una de sus calzadas no esté ocupada por vehículos mal estacionados. Y no es privilegio de los estratos bajos; esta situación es más frecuente en los altos, donde cada conductor se siente influyente, cree que tiene un amigo que lo es o se trata de un adolescente en la edad del nomeimportismo. Muchos escoltas, conductores de vehículos oficiales, diplomáticos y de "personajes", dan por descontado que su inmunidad no tiene límites; y los camiones de reparto no tienen horarios. Alguna responsabilidad deberían asumir los dueños de los negocios que permiten y estimulan estas violaciones.

En las carreteras la situación ha mejorado un poco, valga decirlo, pero sólo un poco. El control de velocidad de los buses sigue siendo un mal chiste, como todas las medidas virtuales sobre el transporte público; se siguen abalanzando sobre los vehículos pequeños, sacándolos de la vía, como hace cincuenta años. Y qué decir de los taxis. No se sabe si es peor in dentro de uno de ellos, especialmente de los pequeños, o conduciendo al lado. Para muchos de sus conductores no existe dios ni ley.

El comportamiento de los conductores y de los peatones en las calles muestra en gran medida los grados de educación y de cultura ciudadana y Colombia en este aspecto está muy atrás, incluso de países con igual o inferior nivel de desarrollo, y ¿dónde está la autoridad? Se habla con desparpajo de la venta de licencias "oficiales" de conducción a los conductores sancionados; de los buses, los taxis y las rutas piratas; de la burla a la chatarrización; del comercio de matrículas y demás vicios, sin que se note acción seria alguna, a pesar de que estas prácticas facilitan los crímenes y a pesar de los cambios en los gobiernos. Si acaso aparece algún agente tratando de cazar a un incauto que salió cinco minutos antes de terminar el pico y placa. Mientras tanto, abundan los desmanes en las vías y se disparan los accidentes, el crimen y la inmovilidad. Los andenes se han convertido en excelentes pistas para las bicicletas y las motocicletas, utilizando las rampas de acceso construídas para los discapacitados. Alguna responsabilidad deberían tener los dueños de los negocios que emplean a los mensajeros. El problema del transporte es cada vez más grave y más de una ciudad está próxima a colapsar. Ojalá que los nuevos gobernadores y alcaldes tomen conciencia de lo que significa movilidad.

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Coletilla: Por lo visto en televisión en las intervenciones de Chávez, Farc EP significa ejército de piedad.

Horacio Ayala Vela - Consultor privado

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