La pretensión de construir en Colombia un capitalismo serio y en serio, choca contra pequeños y poderosos centros de poder y contra influyentes intereses particulares dejados a su libre actuar. La reforma, o la revolución, o como se quiera llamar eso, que le abra oportunidades a una economía de mercado bien regulada y productora de bienestar para la gente común, debe empezar por romper esas ataduras.
Ha pasado con Ecopetrol. Los senadores Serrano y Robledo, economistas como Eduardo Sarmiento, órganos de opinión sindical y comunitaria, advirtieron que la empresa había sido víctima de una subvaloración y que el precio de venta de la acción 'a los colombianos' debió haber sido sustancialmente más alto. Tales procesos de valoración, siempre realizados por 'importantes y reconocidas bancas de inversión', son auténticos ejercicios de opacidad a los que tiene acceso solo una inmensa minoría de expertos. Esa clase de intimidad está bien cuando se trata de empresas o activos privados. Pero está muy mal cuando se trata de empresas públicas. Los senadores Serrano y Robledo le escribieron al Procurador pidiéndole que planteara la suspensión del proceso de emisión de las acciones. Pero el proceso siguió su marcha.
El desempeño de la acción de Ecopetrol en la bolsa, ha puesto en evidencia que eran correctas las advertencias de los legisladores y los diagnósticos de los analistas. Algunos cronistas de la entronización de Ecopetrol, como la empresa estrella de la Bolsa, dicen que se trata de un comportamiento volátil, propio de un papel bursátil nuevo y llamativo. Ello no parece ser cierto. La mayoría de los augures de la Bolsa creen que la cotización de la acción de Ecopetrol seguirá subiendo.
Para que en Colombia haya un capitalismo serio, y no una arquitectura de privilegios sin sentido, es importante que la gente sepa la verdad sobre lo que han dicho los críticos.
Por ejemplo, si es cierto o no que la valoración proyecta, para el mediano plazo, en menos de 50 dólares el precio del barril de petróleo. Que igualmente anticipa una importante caída del precio de los combustibles. Que el ejercicio de valoración, según dice el senador Serrano, no tuvo en cuenta el valor de las reservas de Ecopetrol, ni el valor de las refinerías, ni el de sus poliductos y oleoductos. Si fallas como esas resultaran ser ciertas, entonces estaríamos frente a un grave atentado contra el patrimonio público, y una burla a los propósitos de modernizar el capitalismo colombiano.
¿Quién está comprando con tanto interés el papel bursátil? ¿Qué clase de expectativas se manejan sobre el desempeño de la petrolera y de su rentabilidad? ¿Cuánto tiempo tomará el tránsito de las acciones compradas por 'los colombianos' hacia el balance de grandes inversionistas locales y extranjeros? ¿Era el destino final que se preveía de la 'democratización' de la empresa? Dura más un merengue en la puerta de una escuela que esa clase de pretensión democratizadora. EL TIEMPO ha publicado una crónica en la que se informa que tres personas naturales hoy ya son poseedoras registradas de 24 millones de acciones. ¿Capitalismo popular?
Y puede pasar con las electrificadoras. El Gobierno decidió suspender la venta de las cinco instituciones que iban a salir al mercado en estos días. Tuvo que tomar esta decisión después de varias providencias emitidas por jueces de la República.
El contralor general Turbay había advertido también que la valoración de esas empresas carecía de precisión y que el Ministerio de Minas no había entregado la información necesaria para su análisis, aduciendo extrañas razones de 'propiedad intelectual'. Esta saga no ha terminado. Hay unos pocos sectores poderosos interesados en comprar muy barato para vender muy bien al poco tiempo.