Entre los recuerdos más vivos que tiene Camilo Vallejo, uno de los personajes más tradicionales de la extinta Bolsa de Valores de Bogotá, está el de Margoth Restrepo, la primera mujer que logró entrar a un exclusivo ‘club’ otrora sólo para hombres y en un mercado alejado de los 8,81 billones de pesos que se transaron en un día como ayer.
Doña Margoth, a quien se le conoce como “la primera dama de la bolsa en Colombia”, celebró sus 50 años en el mercado en 2004 y no sólo se convirtió en mito por romper el paradigma masculino en el mundo bursátil, sino porque hasta hace tres años se dedicó en cuerpo y alma a atender a sus clientes de toda la vida. “Quisiera seguir un tiempo. No sé hasta cuándo porque tengo buena salud y ganas de trabajar, pero no sé cuánto resista. Hasta que me echen”, me contaba ella hace unos cuatro años, en una entrevista periodística, antes de salir del mercado por cuenta de la gravedad de una enfermedad que la llevó a la muerte.
“Todo el mundo empezó a decir, en ese entonces, ella tiene experiencia. Entonces hablé con el Presidente de la Bolsa de ese momento, que era Guillermo Martínez Ángel. Me dijo: no veo ningún problema, presenta tus exámenes y cambiamos los estatutos”, contaba en su momento la hija del antioqueño, Jesús Restrepo Olarte. Como ella, Camilo Vallejo, también recurrió a la reforma de estatutos porque para trabajar en bolsa el corredor debía ser mayor de 21 años y él sólo tenía 18.
Y hoy los veteranos de la bolsa la recuerdan más que nunca, gracias a la celebración de los 80 años de vida del mercado de valores local. Un cumpleaños que ocurre en medio de una crisis económica, que en Colombia se ha sentido con la contracción de 0,6 por ciento en el Producto Interno Bruto del Primer trimestre del año (PIB), que contrasta con el crecimiento de 30 por ciento en el Índice General de la Bolsa durante el primer semestre del año.
Pero Vallejo, al igual que veteranos de la bolsa como Mauricio Botero, de Corredores Asociados, Álvaro Aparicio, Paul Weiss, entre muchos otros nombres, están más que acostumbrados a los vaivenes de la economía y a las crisis.
Roberto Pinilla, un corredor de bolsa con 25 años de trayectoria profesional, recuerda por ejemplo, que el día que ocurrió la toma al Palacio de Justicia no fue a trabajar y, según le cuentan, a pesar del acto, ese día la rueda accionaria, que se celebraba en la calle 13 con carrera séptima, siguió su curso.
“¿Crisis? Se han visto varias: cuando el caso de “los picas” desató la desaparición de por lo menos seis puestos de bolsa, también fue famosa la crisis de los TES en 2002 y recientemente el fraude del magnate Allen Stanford…esos escándalos afectan a la industria”, cuenta Pinilla, quien comenzó en 1983 en la antigua Probolsa Montoya’s y Cia (hoy es Correval), como auxiliar de cabina y quien es socio de la comisionista, la tercera más grande por patrimonio.
Otros tiempos
“¿Quién me vende una lupia de acciones”? era una de las frases más pronunciadas en la antigua Bolsa de Bogotá, cuando todos los corredores podían verse las caras y llevar relaciones de camaradería. En ese entonces era común que los puestos de bolsa se conocieran con el nombre de sus fundadores: Sarmiento Lozano, Arturo Uribe y Cia, Octavio Gallo…y hasta hace poco Hernando Arturo Escobar, hoy fusionada en Proyectar Valores.
En ese entonces, cuenta Pinilla, a los corredores nuevos les cortaban la corbata con tijeras, les quitaban los zapatos y los tiraban en una cornisa o les ponían tiras de papel entre la ropa y las prendían con un encendedor.
“Quisiera volver a esos tiempos para traer los recuerdos. Todos los que trabajábamos en bolsa nos conocíamos y valía la palabra (hoy también, claro), pero era bueno verle la cara a la persona con la que se negociaba”, dice Pinilla.
Hoy, además de la desaparición del escenario de negocios bursátiles conocido como corro, los sistemas transaccionales son electrónicos, las partes no se ven la cara y el emblemático edificio de la Jiménez fue reemplazado por un sofisticado piso en la calle 72 con séptima en Bogotá.
También, en ese entonces, era habitual que a los recién nacidos les regalaran acciones de compañías tradicionales como Banco de Bogotá, Bavaria o Coltabaco. Una época en la que las viudas o jubilados vivían de los dividendos o el instrumento de ahorro tradicional era el Certificado de Depósito a Término, CDT.
Un mundo distinto
Después de la desaparición del sistema de viva voz, en el que se cantaban las operaciones, también cambiaron los negocios. Los conocidos títulos de deuda pública (TES) acapararon la atención de los puestos de bolsa, al punto de que se trata del instrumento más negociado en el mercado público de valores, mientras que las acciones si acaso representan tres por ciento de las transacciones.
Sin embargo, pese a la falta de empresas listadas en la bolsa ha habido un esfuerzo por vincular a más ciudadanos de ‘a pie’ en la plaza mediante la emisión de títulos de compañías como Ecopetrol, que hoy representa casi 40 por ciento de las operaciones con papeles de renta variable y ha permitido la vinculación de cerca de 500.000 accionistas.
Sin embargo, los costos transaccionales, sumados a la escasa cultura bursátil, las bajas tasas de ahorro y la premisa de que la bolsa es sólo para élites, han limitado el desarrollo del mercado.
En todo caso, la creación de instrumentos financieros como las carteras colectivas, están permitiendo que quienes no tienen mucho dinero, puedan acceder a estos productos.
A eso se le suma “la sangre nueva” en la arena bursátil: los antiguos traders le vienen dando paso a nuevas generaciones de corredores, con una mentalidad más globalizada y con el manejo de volúmenes que en la década del treinta habrían sonado como exorbitantes. Antes se cultivaba la amistad entre los corredores, hoy los mejores aliados son las pantallas de Bloomberg y las agencias de noticias, aunque la camaradería sigue ahí.
Arturo González, ingeniero químico y ex gerente de lubricantes de Exxon vivió ese proceso de transición y le dio por entrar a la bolsa después de pensionarse. “Me encontré en una primera comunión a don Leopoldo Forero de la comisionista Afin, me invitó a entrar en la bolsa, hice el curso y aquí estoy”, cuenta. Hoy trabaja para otro puesto y se jacta de no tener que buscar muchos clientes, pues ya los tiene.
A Margoth Restrepo tampoco le costaba trabajo y de hecho, su cartera de clientes fue una de las más envidiadas del sector. Cuentan que tuvo más de cien y que si hoy estuviera en la faena bursátil pondría a temblar a más de un corredor.
A propósito: ¿qué le ve de bueno y de malo a las inversiones en la bolsa local? ¿Cúal es su experiencia?
Alina Camacho Hauad es periodista especializada en economía y escribe acerca de temas relacionados con lo que les toca el bolsillo a las personas del común. En un lenguaje sencillo, la autora ha posicionado su blog durante varios años como un espacio de referencia y diálogo sano. Alina es periodista independiente y hasta hace poco tiempo se desempeñaba como editora financiera en el diario La República. alinaperiodista@hotmail.com. http://lamesadedinero1.blogspot.com. www.twitter.com
Es una bitácora que busca intercambiar conceptos y experiencias de los lectores sobre la economía y las finanzas personales, en la que se plantean estrategias de inversión, consumo y perspectivas de la coyuntura local e internacional y su incidencia en los mercados financieros.