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La incesante búsqueda de un modelo de desarrollo

Publicado el 23-06-09

El término desarrollo se utiliza de manera sistemática en la comunidad internacional después de la Segunda Guerra Mundial.

Las instituciones de Bretton Woods (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) fueron creadas en la posguerra, y su primer el objetivo fue colaborar con la reconstrucción y la estabilidad de los países involucrados en la guerra. Después, una vez que estos objetivos se consideraron sustancialmente alcanzados, enfocaron sus esfuerzos hacia el 'desarrollo' de otros países, que por esa época fueron calificados como 'subdesarrollados' para más tarde ser llamados 'menos desarrollados' o 'en vías de desarrollo' y, más recientemente, 'economías emergentes'.

El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se fundó en 1959 como parte del sistema hemisférico de Las Américas, con la misión de promover el desarrollo económico y social de sus países miembros prestatarios de América Latina y el Caribe. Esa definición de objetivo refleja el reconocimiento en ese tiempo de que las dimensiones del concepto de desarrollo abarcan no sólo el crecimiento de la economía, sino también el ámbito social a través del acceso a una mejor calidad de vida para toda la población (reducción de la pobreza y la desigualdad). Aunque las estrategias de desarrollo de esa época ponían mayor énfasis en el crecimiento como medio para lograr el desarrollo.

La conmemoración de los 50 años del BID ofrece una buena oportunidad para hacer un recuento y una reflexión sobre la evolución del desarrollo de los países de la región y el papel de la cooperación internacional. La publicación del BID del libro Celebrar el pasado, construir el futuro: cincuenta años de desarrollo de América Latina y el Caribe, cuyo autor principal y coordinador editorial es el director de PORTAFOLIO Ricardo Ávila, identificó avances en diversos frentes en estos 50 años en que la población de la región aumentó de 218 a 579 millones de personas, y el ingreso por habitante más que se duplicó de US$2.000 en 1960 a US$4.500 en el 2007 (a precios de 2000). Estos logros incluyen un aumento de la esperanza de vida de 56 a 73 años y del alfabetismo (de 63% a 90%), así como reducciones en los índices de pobreza y mortalidad infantil (de 150.000 a 28.000 niños).

No obstante estos avances, es importante reconocer que el desafío del desarrollo sigue vigente y la labor que pueden realizar las instituciones de la cooperación internacional continúa siendo relevante. El papel que se asignaría a estas instituciones hacia el futuro ha quedado plasmado en la Declaración de París (2005), suscrita por los países cooperantes y los países socios receptores de la colaboración. Esta declaración recoge los resultados y acuerdos de un proceso de revisión y análisis efectuados a comienzos del presente siglo, con base en la experiencia de la segunda mitad del siglo pasado.

Durante el siglo XX, las instituciones internacionales de desarrollo dirigieron sus esfuerzos hacia los que serían considerados en distintos momentos factores claves del crecimiento, partiendo por la inversión en infraestructura, pasando por el apoyo a programas de desarrollo social y satisfacción de necesidades básicas, y terminando en la década de los noventa con el apoyo a reformas y fortalecimiento institucional. Con el fin de la Guerra Fría, estas reformas favorecieron políticas de libre mercado y apertura al comercio exterior, otorgando al sector privado un papel predominante en el ámbito económico.

Al final de este proceso, el acuerdo más importante respecto a la cooperación internacional y los modelos de desarrollo apunta al abandono de la búsqueda y aplicación de modelos de tipo universal que promuevan un factor o sector como la panacea, con base en análisis de carácter general y poca atención a las realidades nacionales específicas. La incesante búsqueda de un modelo único, igual para todos, ha sido infructuosa, pero ha dejado enseñanzas. Los ingredientes ya se conocen, pero la secuencia y combinación de ellos para que el proceso sea exitoso debe encontrarse al nivel de cada país, sin receta preconcebida.

La Declaración de París convocó a estas instituciones y a los países receptores, en torno al apoyo a programas nacionales de desarrollo, que tomasen en cuenta las realidades de cada país y fuesen generados por ellos mismos, a través de procesos democráticos participativos. Esto se construye sobre principios que invocan el sentido de propiedad de la estrategia por parte de los países, la alineación y armonización de los cooperantes con las estrategias y sistemas nacionales, y rendición de cuentas mutuas basadas en resultados.

Este compromiso representa un enfoque distinto por parte de las instituciones internacionales de desarrollo, que requiere de formas más directas de trabajo y relacionamiento con los países. Colombia representa un caso promisorio para la aplicación de estos principios. Desde ya, el BID y otros organismos internacionales han alineado sus estrategias con el Plan Nacional de Desarrollo 2006- 2010, y han apoyado procesos analíticos y participativos de preparación de las estrategias y programas nacionales, colaborando especialmente con insumos técnicos, con el diálogo nacional y trabajando de manera conjunta en la implementación de las mismas, bajo la coordinación de instituciones nacionales. Este es sólo el punto de partida para un futuro que se espera entregue en un menor plazo más y mejores frutos para los colombianos. 

RODRIGO PAROT / Representante del BID en Colombia

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