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De 1993 al 2008

Un pequeño aporte a la efemérides de los quince años del diario PORTAFOLIO, puede ser recordar el estado y características de la economía colombiana a principios de los noventa y más concretamente en el año de 1993. Para esa época el Producto Interno Bruto a precios de mercado alcanzó la cifra de 43,9 billones de pesos, equivalentes a 55.800 millones de dólares.

Hoy en día el tamaño de la economía colombiana -que es lo que a fin de fines mide o representa el Producto Interno Bruto- es del orden de los 350 billones de pesos corrientes que a su vez equivalen a 170.000 millones de dólares.

Dicho de otra manera, el Producto Interno Bruto en pesos en el lapso de estos quince años ha aumentado unas ocho veces, en tanto que en dólares ha aumentado solo tres veces.La diferencia se explica por el diferencial entre la inflación acumulada en Colombia y la inflación acumulada en la economía norteamericana en el mismo lapso.

Sin embargo, como el ser humano es el elemento más importante en un sistema económico, cabe señalar que la población colombiana hace quince años era del orden de los 37 millones de habitantes y su ritmo de crecimiento anual estaba estimado en un 2 por ciento. A ese ritmo hoy Colombia debería contar con 50 millones de habitantes, cifra que ha sido desvirtuada por el último censo de población.

Que seamos menos habitantes es resultado del cambio cultural de las familias en materia de número de hijos y también de la diáspora vivida al final del siglo XX. El ingreso per cápita en dólares a la tasa de cambio de 810 pesos vigente en ese entonces era de apenas 1.500 dólares, o sea menos de la mitad de los casi 4.000 dólares que se proyectan para el 2008.

Sin embargo, de mantenerse la tendencia devaluacionista del peso observada en las últimas semanas, aunada a la desaceleración reconocida o advertida por el Jefe del Estado, este indicador del ingreso per cápita en dólares podría desmejorarse dolorosa y significativamente.

Adicionalmente, estudios preliminares demostrarían que también hemos retrocedido en algo mucho más importante como es la distribución del ingreso.

El Coeficiente de Gini, nuevamente bordea un guarismo del 56 por ciento, cuando en los primeros años de la década del noventa se había situado por debajo del 50 por ciento.

Hace quince años en lo que estábamos especialmente mal era en materia de inflación. En septiembre de 1993, la inflación anualizada llegó al 21,47 por ciento, pero es justo reconocer que el Banco Central contaba apenas con año y medio de vida propia e independiente.

Consecuentemente, las tasas de interés nominales estaban por las nubes. Las entidades financieras captaban a 90 días al 24 por ciento y prestaban al 35 por ciento. El margen de intermediación era entonces de más o menos diez puntos, en tanto que en las calendas actuales la diferencia entre la tasa activa y la tasa pasiva se acerca a los veinte puntos.

Mientras al pensionado o a la viuda que viven de sus ahorros los bancos les reconocen un 7 por ciento, al empresario le cobran el 25 por ciento o más. Este deterioro se debe muy seguramente a que el negocio bancario, después de quiebras, absorciones y fusiones está mucho más concentrado que antes y por consiguiente la falta de adecuada competencia permite cobrar mayores precios (mayores intereses) a los agentes oligopólicos.

La información estadística que más añoranza y nostalgia nos produce en este recorrido a través del tiempo es la del desempleo, independientemente de la metodología utilizada para su medición. La escandalosa cifra del 12 por ciento que hoy manejamos como desempleo abierto, en 1993 estaba prácticamente en su nivel más bajo, históricamente hablando.

Apenas un 7,8 por ciento, que para los estándares internacionales era excesivo y preocupante, pero que para los colombianos de hoy es un anhelado recuerdo del pasado. En resumen, avances en lo cuantitativo pero estancamiento o retroceso en lo cualitativo.

Gonzalo Palau Rivas. Profesor de Economía, Universidad del Rosario

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