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Tanto los países desarrollados como los mercados emergentes están enfrentando actualmente una desaceleración económica, acompañada de un repunte en los diferentes indicadores de inflación.
Si el panorama económico colombiano parece oscuro en cuanto a inflación y crecimiento, en el resto del mundo la situación no es diferente. Tanto los países desarrollados como los mercados emergentes están enfrentando actualmente una desaceleración económica, acompañada de un repunte en los diferentes indicadores de inflación.
Factores de oferta (restricción de recursos naturales en el caso de alimentos y tensiones geopolíticas en el caso de los combustibles), al igual que factores de demanda (ya sea efectiva o por simple especulación de precios), han generado fuertes presiones sobre el nivel general de precios.
Lo preocupante es que, a pesar de la desaceleración económica global, las medidas de inflación (total y núcleo) en el mundo continúan con una fuerte tendencia al alza.
Mientras que la economía de la zona euro creció 1,5 por ciento anual en el segundo trimestre del año (el ritmo más bajo de los últimos tres años), la inflación total se mantiene en niveles cercanos al 2 por ciento.
Algunos países de la región europea ya se encuentran en recesión y, a pesar de esto, el crecimiento de los precios no presenta un cambio de tendencia.
En América Latina las cosas no son muy diferentes. Sin embargo, el desborde de la inflación es mayor. La mayoría de los países presenta una alta necesidad de incrementos en tasas de interés, debido a la notable desviación de la inflación frente a las metas establecidas por los bancos centrales.
Sin embargo, la brecha de producto (PIB observado o esperado frente al potencial) se encuentra en terreno negativo, hecho que limita considerablemente el accionar de algunos bancos centrales de la región.
Según cálculos recientes de Anif , solo Perú y Brasil cuentan con brechas de producto positivas, que les permiten mantener una postura monetaria contraccionista.
Colombia, por ejemplo, presenta una brecha de inflación de 3,5 puntos (inflación observada de 7,5 por ciento menos la meta puntual de 4,0 por ciento) y una brecha de producto de -0,3 puntos porcentuales (crecimiento de 4,7 por ciento según estimaciones de Anif para el 2008 menos crecimiento potencial de 5 por ciento).
Contrario a esto, Perú, que cuenta con una brecha de inflación similar (3,7 puntos porcentuales), sí tiene espacio para mayores ajustes en su tasa de interés, dado que cuenta con una brecha de producto de 2,2 puntos porcentuales.
En Estados Unidos también hay limitaciones para iniciar una política monetaria contraccionista. Según cifras recientes del Departamento de Estadísticas Laborales, la inflación anual alcanzó un preocupante 5,5 por ciento el mes pasado. Esto es, 60 puntos básicos por encima de la inflación registrada en junio y 140 puntos básicos por encima de la inflación al cierre del 2007. Sin contar que para los mercados, la inflación confortable para la Reserva Federal rodea el 2 por ciento.
Al mismo tiempo, todo parece indicar que el paquete de impulso fiscal sólo tuvo efecto en los meses de mayo y junio, por lo que lo más probable es que la economía estadounidense retorne a tasas de crecimiento inferiores al 1 por ciento en la segunda mitad del año.
La devolución de impuestos a los hogares, que se hizo efectiva en mayo, implicó un impulso para el ingreso personal disponible.
Según cifras de la Oficina de Análisis Económico, el ingreso disponible creció 6,4 por ciento anual en mayo, después de haber crecido sólo 1 por ciento en abril. Sin embargo, las últimas cifras señalan que desde junio el crecimiento de esta variable presentó una nueva desaceleración (al crecer 3,4 por ciento anual). Algunos analistas han señalado la necesidad de un nuevo paquete de estímulo fiscal, para evitar una recesión más fuerte.
¿Cuál es el reto inmediato que implica este fenómeno global de posible estanflación? Como medida urgente, mantener ancladas las expectativas de inflación. La historia económica de los últimos años señala que la inactividad de los bancos centrales, al momento de mantener ancladas las expectativas de inflación de mediano plazo ante choques transitorios de oferta, resulta nociva no sólo en términos de una mayor inflación (espiral inflacionario), sino también de un menor crecimiento económico en el mediano plazo.
¿Se ha logrado mantener ancladas las expectativas de inflación? En E.U. la inflación implícita a cinco años, que alcanzó a ubicarse por encima del 2,7 por ciento a comienzos de julio, presenta una corrección importante en el último mes: actualmente se ubica en un nivel inferior al 2 por ciento.
Hasta ahora, todo indica que la Reserva Federal ha hecho la tarea. A pesar del fuerte repunte de la inflación total, las expectativas de mediano plazo han tendido hacia los niveles confortables del 2 por ciento.
Sumado a esto, las perspectivas en cuanto a precios de combustibles para la segunda mitad del año son favorables. Los altos precios de los alimentos y de los combustibles, que han predominado durante los últimos dos años, y que han reducido significativamente el ingreso disponible de los hogares, ya se reflejan en la actividad económica. La menor demanda global deberá entonces generar correcciones adicionales en los precios en lo que resta del año.
En este sentido, una de las principales fuentes de inflación global deberá ver limitado su impacto en los próximos meses, posiblemente dando pie a un cambio de política monetaria global a inicios del próximo año.
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