EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
La institución, fundada por un alemán hace 20 años, atiende actualmente a 110 niños desarraigados, entre dos y cinco años de edad y tiene escuelas de familia para que los padres desarrollen proyectos.
En el momento hay 24 madres en cursos de modistería, belleza, panadería, elaboración de calzado y trabajo del cuero. "El problema es que aprenden y cuando van a ejercer no encuentran oportunidades porque son desplazados. La sociedad debe entender que hay que incluirlos. Estamos ante un tejido social, pero se requiere de mucho apoyo", dice Hernando Jiménez, actual presidente de la fundación. Son en total 280 familias que van de la mano de la organización y que, según su director vienen de todos los puntos del país: la Costa, Antioquia y la zona oriental. "Ellas llegan a asentamientos, por conversaciones con su familia o con gente que vive allí. "La idea nuestra no está centrada en el asistencialismo sino en el gana-gana. No hay que regalar las cosas sino que las personas deben trabajar para ganarlas". La Fundación trabaja con diez fundaciones más de Bucaramanga y Florida en el Portafolio de Responsabilidad Social, interinstitucional y empresarial. "Con estas instituciones hemos venido ejerciendo una sinergia, compartimos información, oportunidades, evaluamos procesos internos frente a la sociedad, la comunidad y el estado", afirma Jiménez. Y añade que precisamente uno de los objetivos es sensibilizar a la comunidad en el tema. "A los empresarios les decimos qué hacer para brindar oportunidades en vez de regalar". "Por otro lado, hemos hecho tres intentos de proyectos productivos. Uno puede conseguir el capital semilla, pero la parte clave es la comercialización de los productos que ellos elaboran", enfatiza. "Un grupo familiar que fabrica hasta 600 bolsos, por ejemplo, sale a la puerta de su choza y no sabe a quién se los va a vender. Ahí termina el ciclo y viene la desilusión. Así es que se necesita un encadenamiento de todos los procesos para que hayan resultados", afirma Jiménez. Y eso que, agrega, la Fundación ya por lo menos ha captado el interés de algunas empresas como la Fundación Éxito, Arturo Calle, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. "Una de nuestras ideas es que vamos a dar a conocer un balance social para que la sociedad sepa qué se está haciendo con los recursos. La verdad es que somos una entidad sin ánimo de lucro, pero también sin ánimo de pérdida y necesitamos ideas y ayuda para mejorar. "Trabajamos para convertir nuestra institución en una verdadera Trabajo con los niños A los niños "les damos educación, reforzamos la parte nutricional y tenemos actividades lúdicas, recreativas, trabajo social y campañas de prevención y control en salud", dice Hernández. El año pasado, la inversión social fue de 4.800 millones de pesos, invertidos en las once entidades, a través de las cuales se atiende a 37 mil beneficiarios, según la entidad. "Ahora la prioridad son los pequeños, que en este momento van a la escuela pública", cuenta. A ellos se les brindaba asesoría en las tareas y cuando terminaban la jornada escolar, además de refrigerio, pero esta ayuda se acabó el año pasado por falta de recursos, cuenta su director. "Ahora tratamos de comunicarnos siempre para saber qué están haciendo", dice.
empresa social, generadora de proyectos y acciones que transformen la vida y las productividad de las personas en las comunidades más vulnerables", señala.
El nacimiento de Romelio
Hace 20 años Matías Bruckner, un alemán que vino a Colombia en intercambio estudiantil creó la Fundación Romelio. El joven llegó a Bucaramanga dos años atrás para estudiar en el Colegio San Pedro Claver.
En ese entonces, el sacerdote Jesús Martínez se convirtió en el mecenas de Matías y le mostró la situación de pobreza de las comunidades de esa parte del país.
Bruckner vivía en la casa de Hernando Jiménez, hoy presidente de la Fundación, y antes de irse les encargó continuar con su labor.
Matías viajó a Cartagena y allí se encontró en un mercado una alcancía en forma de cerdito con el nombre Romelio que llevó a su casa en Alemania para pedir a toda su familia que colaborara con su causa. "Por eso la fundación se llama Romelio", dice Jiménez.
"Tenemos instituciones fortalecidas que son muy poco conocidas. Y desde cuando empezamos hasta hoy, las cosas han cambiado. Hace 20 años estábamos en una casa en Villa Rosa, con 20 niños de los barrios marginales y ya tenemos desplazados que son un
modelo de vida, asegura.
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