Se realizó junto al Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID, en sus siglas en inglés). Analizan quince proyectos sobre bioenergía en doce países de A. Latina, África y Asia.
Según la investigación, entre los beneficios potenciales de este tipo de energía se incluyen la obtención de subproductos útiles, como fertilizantes asequibles derivados de la producción de biogas, y un incremento en la eficiencia de los recursos naturales, ya que es posible obtener energía de desechos que de otro modo se quemarían.
Así mismo, se abre la posibilidad de producir simultáneamente alimentos y combustibles, a través de la siembra intercalada, y de crear un nuevo capital financiero mediante el uso de tierras marginales que se encuentran desaprovechadas.
Señala que, a pesar de que las iniciativas sobre bioenergía plantean retos en su aplicación, estos son similares a los problemas de otras actividades productivas en áreas rurales, entre ellos dificultades técnicas o falta de capitales.
El interés de la FAO en los sistemas de bioenergía deriva de las repercusiones positivas que los cultivos energéticos tendrían en el sector rural y en las oportunidades que ofrece a los países de bajos ingresos para diversificar sus fuentes de energía.
"La introducción de la bioenergía significaría un nuevo brote de vida para productos como el azúcar cuyos precios internacionales han caído en picado" observó Gustavo Best, experto de la FAO en Coordinación de Energía.
La FAO es el principal organismo de las Naciones Unidas encargado de dirigir las actividades internacionales de lucha contra el hambre.
El trabajo de la FAO consiste en ayudar a los países en desarrollo a modernizar y ampliar su agricultura, silvicultura y pesca, y aliviar así la pobreza y el hambre.
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