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Aunque algunos opinan que el tamaño óptimo debe estar entre cinco y nueve miembros, artículos recientes indican que la situación es diferente si se trata de una grande o una pequeña empresa.
Así lo establece, por ejemplo un estudio de Link y colaboradores, luego de estudiar cerca de 7.000 firmas en los Estados Unidos durante el período 1990-2004. Mientras que, por ejemplo, el tamaño de las juntas directivas de las empresas grandes se redujo drásticamente en la década de los noventa, su tendencia se ha revertido en los últimos años. Algo similar encontraron con respecto al grado de independencia. Ellos concluyen su trabajo argumentando que la estructura de las juntas directivas, no es otra cosa que un balance entre los costos y beneficios de cada alternativa. Es decir, las juntas muy pequeñas o muy grandes generan el máximo valor para los accionistas. De modo que entre más difícil sea la operación, los accionistas se benefician cuando sus compañías cuentan con juntas directivas más grandes. Así pues, estos estudios, que cuestionan las ideas fijas acerca del tamaño y la independencia que deben tener las juntas, señalan que el problema principal del regulador cuando redacta estas recomendaciones es que solo piensa en el rol supervisorio de la junta directiva; sin embargo, este organismo también juega un importante papel de asesoría. Esto último es crucial para las compañías que operan en industrias complejas, donde la ayuda de expertos tiene un gran valor agregado en el proceso de toma de decisiones. Luego de los desastres de Enron, Parmalat y un largo etcétera, han surgido varios códigos de 'buenas prácticas' en cuando a la gobernanza empresarial.
Al mismo tiempo, el tamaño de las juntas de empresas pequeñas se ha mantenido inalterado en el período estudiado.
Por otro lado, en el análisis realizado por Coles y colaboradores, encontraron que cuando se compara el tamaño de la junta con el valor de la empresa, se genera una curva en forma de U.
De este modo, el asunto se ha convertido en una de las preguntas 'calientes', no sólo para los reguladores de los mercados financieros sino también para los académicos, que no han encontrado una relación clara entre las características de la junta directiva y el valor de la empresa.
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