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Obama, quien es visto por muchos como un redentor, encontrará una economía que camina por el borde del abismo.
El hombre que desde este martes será el presidente número 44 en la historia de Estados Unidos tiene la difícil misión de darle la vuelta a la que es la mayor crisis económica desde la Gran Depresión.
"La primer tarea de mi Gobierno será poner a la gente a trabajar y echar a andar nuestra economía", con esa frase pronunciada el viernes pasado, Barack Hussein Obama, quien mañana tomará juramento como el presidente número 44 en la historia de Estados Unidos, dejó muy en claro cuál será el principal reto de su mandato: revivir una economía que está agonizando.
Obama, quien es visto por muchos como un redentor, encontrará una economía que camina por el borde del abismo: el año pasado se perdieron en Estados Unidos 2,6 millones de puestos de trabajo (la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial) y la recesión, declarada como oficial en diciembre por la Comisión Nacional de la Investigación Económica , apunta a que va a empeorar.
Esos son solo un par de indicadores de una economía que intenta sobrevivir al desastre del mercado financiero, que ha producido un huracán de quiebras, despidos y anuncios de cesesión de pagos en todos los sectores.
Por tal razón, Obama le apuesta todas sus fichas a un ambicioso plan de rescate avaluado por la Cámara de Representantes en 825.000 millones de dólares.
Además, el Senado aprobó el jueves anterior entregar la segunda parte del plan de rescate de 700.000 millones de dólares aprobado durante la administración de George W. Bush.
"No es demasiado tarde para cambiar el rumbo, pero solo si tomamos medidas drásticas lo antes posible", ha dicho hasta la saciedad Obama, a la par que señala que en los próximos años el déficit del país superará el billón de dólares.
Y los analistas parecen estar de acuerdo con esa afirmación. Para Joel Naroff, presidente de la consultora Naroff Economic Advisors, "no hay otra solución. La economía necesita volver a crecer y el impulso no va a venir ni de los hogares, ni de los negocios, ni del resto del mundo. La idea central es invertir en proyectos que continúen impulsando la economía a largo plazo".
Otros como Peter Morici, profesor de Economía de la Universidad de Maryland, están de acuerdo con el megapaquete de medidas pero alerta sobre un déficit que podría salirse de control.
"Tenemos que reducir el desequilibrio de nuestra balanza comercial con China y nuestra dependencia del petróleo. Si no lo hacemos necesitaremos estímulos cada vez mayores y seguir pidiendo dinero prestado a países con superávit hasta que llegue un día en el que China pueda comprar nuestro país", explica.
Para evitar que el endeudamiento se salga de sus proporciones, Obama adelantó a la prensa la semana anterior que pretende poner en marcha una "cumbre de responsabilidad fiscal" desde el mes próximo.
"Debemos enviar una señal al mundo de que somos serios en nuestra intención de atajar la crisis económica", indicó el hombre que tomará las riendas de la economía más grande del mundo desde este martes.
Ante este complicado panorama, Obama tendrá la oportunidad de convertirse en un verdadero salvador. Desde que fue elegido el 4 de noviembre del año pasado, los nubarrones se han multiplicado en el horizonte económico, en ese entonces sus promesas para revertir la situación convecieron al electorado, ahora viene lo más complicado: hacerlas funcionar.
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