EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Según Berahanu Nega, director del Instituto de Investigación de Política Económica Etíope, 40 años de política económica centrada en la agricultura como fuente de riqueza no han hecho al país más rico, sino todo lo contrario. "Mientras no se produzca una cierta industrialización y formas de empleo alternativo, el problema no nos abandonará, sino que irá a peor".
Pero el director de este instituto de investigación económica va más allá: "El sistema capitalista da por hecho que las personas son capaces de tomar decisiones y asumir riesgos, abriendo un negocio por ejemplo. Pero en una sociedad como la etíope, tan oprimida durante tantos años, la iniciativa personal no existe. Por ello, promover la democracia y dar más poder de decisión al pueblo es, en este caso, fundamental para lograr el desarrollo económico", afirma.
En Etiopía, el sistema entero parece fallar, pero a escala mundial, la batalla contra el hambre y la pobreza también se encuentra en una encrucijada. El Programa Mundial de Alimentos ha reconocido que cada vez tiene más dificultades para cumplir con su mandato de luchar contra el hambre en el mundo.
Según el PMA, en los últimos años ha aumentado dramáticamente el número de crisis alimentarias en el mundo, que han pasado de 18 a principios de los noventa a 33 a finales de la década.
La agencia se ha visto obligada a responder con operaciones de emergencia, que actualmente se llevan el 90 por ciento de su presupuesto, en vez de centrarse en intervenciones de desarrollo a largo plazo, como la adopción de sistemas de irrigación para no depender de las lluvias, que son las que facultan a las sociedades a responder mejor a sus propias crisis.
En la Cumbre del Milenio, celebrada en 2000, los países miembros de la ONU se comprometieron a reducir a la mitad el número de personas afectadas por el hambre, que para el año 2015 deberán haber pasado de los 800 millones actuales a 400 millones. Hasta hoy, dicha cifra solo ha sido reducida en 19 millones.
Al norte de Etiopía, en Amhara, muchos habitantes intentan subsistir transportando agua para otros -cobran 12 centavos de euro por cargar 20 litros a la espalda- o recogiendo leña para venderla. Quizá no saben que las masas forestales atraen las lluvias y que la deforestación las aleja.
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