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Según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, 85% de la población vive de la agricultura de subsistencia, que depende 97% de lluvia, pero sufre largas sequías.
Acostumbrados a ver en la pantalla del televisor niños con el vientre inflado y madres con los pechos escuálidos parece que la estampa del hambre ya ha dejado de ser noticia. Sin embargo, la hambruna se lleva cada año miles de personas en Etiopía.
"Respecto de la urgencia que ha creado la falta de alimentos y el riesgo de que niños mueran de hambre, no creo que haya (actualmente) otra crisis como esta", dijo el Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas, John Holmes.
El funcionario hizo una visita a Etiopía para observar, sobre el terreno, los esfuerzos del Gobierno etíope, las agencias de la ONU y las organizaciones internacionales de asistencia humanitaria para atender las necesidades de más de diez millones de personas que sufren una escasez de alimentos en este país del Cuerno de África.
La crisis mundial por los altos precios del petróleo ha incidido gravemente en este país africano y han dificultado las iniciativas de asistencia del Programa Mundial de Alimentos, debido a que su poder adquisitivo se ha reducido a la mitad.
La situación se agrava si se tiene en cuenta que se estima que hay 75.000 niños en peligro de morir de hambre. Además, solo un 24 por ciento de la población tiene acceso al agua potable, el índice más bajo del mundo.
La grave sequía que sufre esta zona del planeta ha afectado especialmente a este país, que ha empeorado aún más sus bajos niveles de subsistencia.
La crisis económica en la que se encuentra sumergida Etiopía también ha degenerado en actos de violencia y, como consecuencia de ello, en un fortalecimiento de la represión política interna.
En 1985, Intermón Oxfam realizó una primera ayuda de emergencia en el país durante una larga hambruna e inició los programas de cooperación con Etiopía en 1993. En la actualidad, se trabaja en proyectos de desarrollo conjuntamente, entre los que destaca el Banco del Agua.
Otra de las medidas que se adoptaron fue la distribución de semillas con el fin de garantizar la seguridad alimentaria de las regiones con menos recursos e impulsar proyectos de regadío que han permitido el cultivo de 391 comunidades.
A principios de los ochenta, un 9,8 por ciento del Producto Nacional Bruto se destinaba a gastos militares. Hoy, aunque solo gasta un 5 por ciento, el país aún está recuperándose de la guerra con Eritrea (1998-2000), en la que el Gobierno llegó a gastar dos millones de dólares al día.
Llueva o no llueva, les va mal
Si la sequía ha sido el detonante de esta crisis alimentaria, "la pobreza es la verdadera causa, y esta está muy relacionada con la política agraria del país", apunta Berahanu Nega, director del Instituto de Investigación de Política Económica Etíope.
"La cuestión es si la agricultura puede sobrevivir con el incremento constante de la población. La tierra está repartida entre mucha más gente. Antes, las familias tenían de media dos hectáreas y ahora tienen menos de una, por lo que incluso en los mejores años, la cosecha no les permite guardar para los malos tiempos", explica Nega.
"Su vulnerabilidad es tan grande, que solo hace falta que falle una estación de lluvias para que pasen de ser pobres a miserables", añade.
Lo peor es que, en años de lluvias y buenas cosechas, como 2001, el exceso de producción desplomó los precios y los agricultores también se empobrecieron. "Llueva o no, están condenados", reconoce.
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