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El dramático deterioro del medio ambiente y la espectacular subida del petróleo han sido las principales razones por las que los gobiernos miran esta opción, como la más limpia y asequible.
Sin embargo, la central española de Ascó (Tarragona) podría ser fuertemente sancionada por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), por las partículas radiactivas que se detectaron en el exterior de su planta en noviembre del pasado año.
La sanción que ha propuesto el CSN al Ministerio de Industria para esta central podría a ascender entre 9 y 22,5 millones de euros.
Varias organizaciones ecologistas han calificado de insuficiente la propuesta del expediente sancionador y han advertido que la decisión "minimiza el impacto del accidente".
Este incidente pone en entredicho la voluntad de los gobiernos por favorecer la producción de energía nuclear como alternativa a la utilización del petróleo.
Hasta ahora la creación de las energías utilizadas han causado un daño irreparable en la naturaleza y es en la actualidad cuando el mundo comienza a concienciarse de las consecuencias de sus desmanes.
La contaminación producida por la emisión de determinados gases ha incidido directamente en la creación del calentamiento global.
Son los llamados gases de efecto invernadero, y entre ellos el Dióxido de Carbono (CO2), cuyo origen se encuentra en el uso de los combustibles fósiles, el que más influye junto con los óxidos de nitrógeno (NO2) y el dióxido de azufre (SO2).
Estos dos últimos son los principales causantes de la lluvia ácida y la destrucción de la capa de ozono. Se producen en su mayoría por la combustión del carbón y petróleo en las centrales térmicas y refinerías.
Desde la entrada en vigor de Kioto, los países deben controlar sus emisiones de gases efecto invernadero, so pena de pagar cuantiosas multas, y la producción de petróleo, carbón o gas representa una enorme fuente de contaminación.
De continuar el aumento de los gases de efecto invernadero, de aquí al año 2012 pueden ser superiores en 60 por ciento a las del año 1990, a pesar de que el compromiso de Kioto era el de no subir más del 15 por ciento entre 1990-2010.
Nuclear, la más barata
Para frenar el calentamiento global los países están desarrollando otras formas de energía, denominadas renovables como son la solar, eólica o hidráulica, que no producen contaminación pero, sin embargo, son más caras que la energía nuclear.
Mientras un kilowatio de una energía renovable cuesta unos 0,7 euros, otro obtenido a partir de la fisión del átomo cuesta solo 0,1.
Las crisis geopolíticas de los últimos meses, sobre todo en Irán, en el punto de mira precisamente por su programa nuclear, ha puesto en serio peligro uno de los mayores mercados mundiales de crudo, especialmente para Europa, y ya son muchos los países que buscan fuentes de energía que no nos hagan depender tanto de los países con políticas inestables, como son los productores de petróleo que se encuentran en el Golfo Pérsico.
Los defensores de la energía nuclear aducen que su producción reduciría la dependencia de productos importados.
Además, se realiza de forma limpia, sin emisiones de gases de efecto invernadero causantes de lluvia ácida y no perjudica la capa de ozono.
Las centrales nucleares producen cantidades muy pequeñas de residuos sólidos en proporción a las grandes cantidades de electricidad que producen y el efecto de sus emisiones en el medio ambiente es inapreciable.
Su producción no está sometida a los cambios climáticos y operan las 24 horas al día durante los 365 días al año.
A pesar de los intentos por desarrollar sistemas de producción de energía alternativos, los países desarrollados han vuelto a poner sus ojos en la centrales nucleares que un día tuvieron que cerrar ante una opinión pública que no estaba dispuesta a sufrir los mismos desastres de Chernobil (Ucrania), en 1986.
Ante la situación perentoria del medio ambiente, la subida desorbitada del petróleo y la crisis política de algunos de los mayores productores de este combustible, los Gobiernos apuestan por la energía nuclear como la energía del futuro e intentan volver a convencernos de sus beneficios, así como de los avances en cuanto a la seguridad de las centrales y el almacenamiento de sus residuos.
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