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El paso de un ramal de la obra Sebastopol-Medellín, que hoy se extiende en 149 kilómetros entre Santander y Antioquia, se ha convertido en el dolor de cabeza de los pobladores.
No es para menos, pues de la noche a la mañana la construcción del ramal del gasoducto, para llevar el combustible hasta zonas industriales y cascos urbanos de seis municipios, los obligará a ceder parte de sus tierras y, a algunos, incluso, a ver caer las casas que por años les sirvieron de hogar.
La iniciativa hace parte un proyecto aprobado en 1994 por el Gobierno Nacional para proveer de gas a zonas industriales y urbanas de Antioquia. Todo desde un yacimiento en Puerto Olaya (Santander) hasta la estación de entrega en Girardota (Antioquia).
El problema es que para llevar el gas desde la estación de entrega hasta municipios como Barbosa, en el norte antioqueño y San Vicente, Guarne, Marinilla y Rionegro, en el oriente, la empresa Transmetano, dueña del proyecto, debe pasar el ramal del gasoducto por 25 veredas.
Se contempla la construcción de 37 kilómetros de un tubo que varía entre 4 y 8 pulgadas. Una de las veredas en las que anuncian desde ya una férrea oposición al proyecto es Santa Bárbara, zona rural de Rionegro.
Allí, se constató que las casas están construidas al borde de la carretera, lo que implicaría a los habitantes ceder parte de sus tierras por el paso de los ramales.
Los habitantes aseguran que el proyecto no los beneficiará, pues la idea es abastecer a zonas industriales y cascos urbanos. Las veredas y zonas rurales, por donde pasarán los ramales, paradójicamente, no recibirían el servicio.
Carolina Alzate, abogada de Transmetano y coordinadora de la negociación, dijo que ya tiene más del 50 por ciento del terreno negociado y que hasta ahora no han tenido inconvenientes.
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