Saldos de supermercados y los paquetes de 'todo a mil' son alternativas para ahorrar de quienes mantienen sus hogares con el salario mínimo. Cuatro trabajadoras cuentan cómo 'estiran' su salario.
A diario, Julie Pinzón tiene que buscar nuevos métodos para estirar la quincena y sobrevivir con el salario mínimo. "Para eso hay que ser recursivo. Cada vez que me pagan, voy a las tiendas y compro paquetes de todo a mil y en los supermercados escojo los saldos", cuenta.
Ella tiene cuatro hijos que "afortunadamente" estudian en colegios oficiales y no pagan pensión. "Cuando hay plata les doy para las onces de a 1.500 pesos, con lo que les alcanza para una gaseosa, una empanada y un cono", dice.
Cecilia Vargas, una de sus compañeras en la preparación de alimentos en el casino de una empresa, complementa que con el mínimo viven de milagro. Paga 340 mil pesos de arriendo por una casa en Fontibón, más 70 mil de agua, 35 mil de luz y gasta 3.700 pesos diarios en transporte hasta su trabajo. "Como tengo un hijo en el Ejército y al él le pagan 70 mil pesos, también debo ayudarle. La quincena me dura un día y, generalmente, pido prestado para completar lo que me falta", confiesa.
No es distinta la situación de Patricia Vargas, que vive con sus dos hijos, de 12 y 10 años, y quien sostiene que su apoyo con los niños son los refrigerios, porque a ella la plata le alcanza solo para darles una agua de panela y comprarles ropa una vez al año. Cada mes paga 180 mil pesos de arriendo. Con el resto cubre lo que debe y asegura la comida. Para el transporte pide prestado. "Ni con 800 mil nos alcanzaría. Todo el tiempo vivimos colgados", agrega.
Con pocos lujos
Lina, compañera de ellas, añade que la comida está muy cara: "Un kilo de arroz vale 2.800 pesos, un frasco de aceite, 3.000 pesos, una libra de chocolate de 4.000 pesos alcanza para una semana y eso que compro leche en polvo para que rinda más. Cinco bolsas duran una quincena. Pero en el mercado, salvo algunos fines de semana, no podemos incluir ni carne ni queso ni huevos. Los desayunos son con avena, agua de panela o tetero con pan, porque el café también está por las nubes, vale 4.700 el paquete".
Eso sin contar los productos de aseo, "en los que no nos podemos dar el lujo de comprar un Sanpic o un suavizante para la ropa", lamenta Cecilia, a lo que Patricia agrega que para los que ganan el salario mínimo los electrodomésticos también están vedados.
Lina narra que si necesita una crema de manos, por ejemplo, debe recurrir a las ventas por catálogo, que le dan plazo para pagarla. Y Cecilia comenta que "es mejor deber que comprar productos de mala calidad, como cremas de dientes y jabones, que lo único que hacen es mandarnos para el médico. Eso sale más caro, pues algunas drogas no las cubre el seguro".
Ahora la preocupación de Lina es qué hacer para que su hija pueda ir a la universidad este año, pues el pasado tuvo que quedarse en la casa por falta de plata.
Al respecto, la analista financiera Adriana Sancipa, de la Universidad de la Sabana, dice que quien gana el mínimo sobrevive pero no le alcanza, menos cuando hay que pagar arriendo, educación y alimentación.
"Así aumentara el 20 por ciento daría igual, porque todo sube de precio. Nunca habrá equilibrio y mucho menos ahorro. El sueldo mínimo alcanza para las cosas mínimas puntuales", concluye la experta.
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