Mediante ruptura de Récord Guinness, Turbaco busca apoyo para niños con cáncer
Agosto 19 de 2008 -
La lección más larga del mundo se hizo con el propósito de ayudar a 70 niños y niñas con cáncer, asistidos por la fundación Fundevida. Consiguieron recaudar más de $5 millones.
TURBACO (BOLÍVAR). Neis Marín, de 16 años, estuvo a punto de flaquear, pero no por falta de fuerza y voluntad, sino porque la debilitaba la falta de solidaridad de la gente.
Ella hizo parte de los 120 estudiantes de Turbaco, una población a 40 minutos de Cartagena por carretera, que rompieron un récord mundial de asistencia a la clase o lección más larga del mundo, que se hizo con el propósito de ayudar a 70 niños y niñas que padecen cáncer y que son asistidos por la fundación Fundevida.
Ella, su amiga Yorcelis Álvarez, de 16 años, y más de un centenar de adolescentes se prepararon no solo física y metal, sino espiritualmente, para resistir 74 horas de lecciones y clase de química y ciencias naturales y entrar al libro de los Récords Guiness, como 'La lección escolar aprendida, más larga del mundo'.
La idea fue de Giovanni Cogollo, profesor de la Institución Educativa Alfonso López Pumarejo. Cogollo, de 30 años, por tercera vez convocó a sus alumnos para dictar clases kilométricas. La primera fue en el 2006 y fue una clase de 12 horas con 50 alumnos.
"No es solo romper un récord, detrás de esta prueba lo que queremos es despertar el sentido de solidaridad con los demás. Conseguir recursos para ayudar a niños y niñas enfermas es una obra que nos hace grandes", dijo.
"Veía que no pasábamos de un millón de pesos. Eso me estaba desanimando. La gente no respondía", cuenta Neiss, quien recobró la esperanza a medida que las donaciones empezaron a llegar. La meta era reunir 5 millones de pesos.
Al final lo lograron. Obtuvieron, tras 74 horas continuas de clase, 5 millones 10.000 pesos. Pero romper la marca mundial no fue un asunto fácil. Las reglas del juego de Guiness exigían que por cada hora tuvieran un descanso de 5 minutos.
SIN LUZ
Tuvieron que soportar las inclemencias del mal servicio de energía. En varias ocasiones la luz se fue, por lo que tuvieron que seguir con la clase a la luz de las velas o de los celulares, cuando el apagón era en la madrugada o noche. Los 120 estudiantes, en su mayoría del último grado de bachillerato, llegaron con permiso de sus padres autenticados por el Notario de Turbaco. Es más, unos cinco padres de los participantes también estuvieron las 74 horas de clases. Vicente Arcieri G.
Enviado Especial PORTAFOLIO
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