EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
El año 2008 tiene ya un lugar prominente en los récords históricos de comportamiento del precio y los rendimientos de los activos financieros y de todo tipo de títulos valores.
Es claro que la actividad económica ha disminuido su ritmo a nivel
mundial y de manera prácticamente generalizada, aunque, claro, con intensidades variables en los diferentes mercados y regiones del mundo.
Los portafolios de la totalidad de inversionistas individuales e institucionales, con muy contadas excepciones, han sido duramente golpeados. Dependiendo de la composición, pérdidas de entre el 5 y 40 por ciento en dólares, durante lo corrido del 2008 han sido típicas.
En vista de los malos resultados, es inevitable que los inversionistas se encuentren nerviosos e inquietos, pues después de nueve meses el panorama simplemente parece empeorar.
Después de cualquier pequeño repunte en los precios, han venido nuevas caídas con nuevos mínimos, y muchos han perdido la paciencia, vendiendo a pérdida y conservando todos sus ahorros en efectivo.
Ante la insistencia de los asesores de inversión y de los gestores de portafolio, de mantener proporciones significativas invertidas en acciones, muchos ahorradores cuestionan incluso la validez que continúan teniendo las llamadas "técnicas modernas de gestión de portafolio" y las demás herramientas que se utilizan en la gestión de patrimonios individuales.
Perspectiva
Lo primero que deben hacer los inversionistas es guardar la perspectiva sobre los resultados recientes. A pesar de lo terribles que han sido este año, la generalidad de inversiones no ha alcanzado a perder lo que habìa ganado desde el inicio del 2006.
Desde enero de ese año a la fecha, tanto el índice de mercados emergentes (Morgan Stanley Composite Index Emerging Markets-MSCI-EM) como el de mercados de Europa Occidental en dólares (Eurostoxx 50), han arrojado resultados positivos: 26 y 22 por ciento, respectivamente, mientras el S&P ha mantenido su valor. Para los últimos cinco años, el MSCI-EM ha arrojado una rentabilidad acumulada del 135 po rciento, un 18,6 por ciento promedio anual.
Lo siguiente es revisar las principales premisas y promesas de la teoría. Ciertamente, no se prometen rendimientos constantemente positivos. De hecho, se anticipan períodos de pérdidas, como el actual, particularmente para los activos de mayor volatilidad y rentabilidad en el largo plazo (como las acciones).
Naturalmente, una cosa es escucharlo como una revelación educativa y otra es vivirlo con los ahorros personales acumulados a través de largos años.
De otra parte, la teoría promete una menor volatilidad, sin demasiado sacrificio en la rentabilidad, mediante una adecuada diversificación. Y aunque las caídas en los precios se han dado a lo largo de casi todas las categorías de activos, los portafolios juiciosamente diversificados han navegado mejor a través de la tormenta.
Durante el 2008, India y China han caìdo un 45 y un 32 por ciento, respectivamente, lo que da una idea de las pérdidas que un portafolio concentrado solo en Asia habría tenido.
Limitaciones de la teoría
De cualquier manera, la coyuntura es oportuna para recordar las limitaciones de la teoría. La más importante, que la utilización de herramientas estadísticas, pilar de la gestión 'científica' que a veces pretenden ofrecer los gestores, se basa en la relevancia de los patrones de comportamiento pasados al predecir lo que va a suceder, especialmente en lo que respecta a los comportamientos relativos entre los distintos tipos de inversiones.
Los resultados del pasado no se pueden constituir en una guía exenta de análisis. Para empezar, las mismas estadísticas afectan el comportamiento de los agentes de mercado frente a los distintos tipos de inversión.
Por ejemplo, el convencimiento de que las acciones de compañías pequeñas tienen una rentabilidad muy superior a la de los demás, puede llevar a atraer mayores capitales a estas inversiones, disminuyendo el tamaño de la brecha o el premium de rentabilidad de éstas.
Asimismo, existen categorías o subcategorías de activos que, aunque hayan tenido un magnífico y constante desempeño en el pasado, es evidente que en las circunstancias actuales y futuras, no lo tendrán.
Por ejemplo, ante unas claras perspectivas inflacionarias en el futuro inmediato, combinadas con una abundante liquidez mundial y las bajísimas tasas de intervención de la Reserva Federal de Estados Unidos, es claramente inconveniente invertir en instrumentos de renta fija de mediano y largo plazo, aunque han tenido un buen desempeño durante los últimos cinco años.
Qué hacer
Hacia el futuro, la economía mundial continuará presentando crecimientos importantes por varias décadas. La población mundial se ha multiplicado por cinco en los últimos 100 años y este efecto continuará impactando por los próximos 100 en consumo y crecimiento económico.
La economía capitalista apenas comienza a consolidarse en una gran parte del mundo (Rusia y China, por ejemplo) con un potencial fabuloso sobre el comercio mundial y las compañías en aquellas regiones y en el resto del mundo.
Los empresarios son más autónomos y empoderados que nunca en la historia de la humanidad; los regímenes políticos caprichosos, personalistas y antidesarrolllistas se presentan ya solo de manera ocasional.
Entonces, las acciones, como categoría general, tendrán un buen desempeño futuro y no solo porque la estadística con base en el pasado lo presente así, sino porque el razonamiento que lo sustenta es bastante sólido.
Los precios de las acciones son cada vez más atractivos y presentan una magnífica oportunidad para constituir un portafolio con entre 30 y 40 por ciento del mismo invertido en renta variable de Estados Unidos, Europa y países emergentes.
El remanente, se puede guardar en instrumentos de renta fija de corto plazo, incluyendo depósitos a término y money market o en bonos indexados a la inflación. En unos meses, con niveles de tasas más altos y claridad sobre las presiones inflacionarias, se podrá reconsiderar la composición de los portafolios de renta fija.
Finalmente, las buenas perspectivas del Euro como moneda de referencia internacional, respaldada por una política monetaria juiciosa por parte del Banco Central Europeo, permiten considerar un portafolio por lo menos parcialmente denominado en esta moneda.
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