EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Todo cambia cuando se termina la plata, los amigos se van y el buen nombre se acaba. Para superar el problema, hay que empezar por aceptarlo. Aquí, algunas recomendaciones.
¿Qué tal si la forma de vivir su vida estuviera a punto de cambiar? Parece la publicidad de una película, pero no lo es. Es el sentimiento de quienes han quebrado.
El trabajo, la forma de relacionarse con los demás, el tiempo libre, la autoestima y hasta el matrimonio: todo se trastoca cuando se acaba la plata.
"Solo se hace camino al andar", dice la canción, y solo las experiencias personales nos construyen, pero a veces las vivencias ajenas pueden dejarnos una lección.
Paco y Mauricio son dos hombres que sufrieron la angustia y la decepción de la quiebra. Paco es un empresario para quien la explotación maderera era el rubro que más rentabilidad le generaba.
La madera proveniente de los árboles de chanul y mascarey tenía mucha demanda, a tal punto que empezó a comprarla de terceros, para ampliar su oferta. Pero en este negocio, los bosques se pagan por adelantado y se talan cuando hay buen clima.
Un fuerte y prolongado invierno le impidió extraer de la montaña su producto. Eso le generó varios retrasos con clientes, que se fueron acumulando. Había entregado mucho dinero, pero el producto no se extraía.
La situación se volvió insostenible, las deudas eran impagables y en el peor momento financiero sufrió un intento de asesinato. Hoy, 10 años después, sabe que uno de sus socios fue el responsable.
"De esta manera, la deuda moría conmigo, porque ante los bancos yo era el único responsable". Solo, traicionado, sin un centavo, decidió casarse.
Tenía que permanecer en la clandestinidad por un tiempo, "ya que mi agresor buscaba venganza por unos embargos que sí había logrado efectivizar, así que fui a vivir con mi novia y le pedí matrimonio", recuerda.
Paco pensó que con su pareja lograría solventar el problema. Pero no fue así. Él se sentía perdido, luego de un par de años empezó a beber con frecuencia y se volvía violento. En estas circunstancias, el matrimonio no tardó en romperse.
El colombiano Mauricio tenía en su país una empresa que proveía insumos médicos. Después de casi 20 años, su socio murió de un infarto, en una época en la que la empresa se había endeudado para poder crecer y competir con un mercado cada vez más difícil.
Él es médico y por eso se encargaba de la rama técnica de su empresa, no de la financiera y administrativa. "Al morir mi socio no solo me quedé sin la persona que se encargaba de los números, sino que me convertí en el único responsable".
La empresa fue embargada, pronto sus bienes familiares fueron afectados. Perdió también su casa, y las deudas no se resolvían. Por eso vino a Ecuador y comenzó de nuevo.
Para él lo peor no fue cambiar una mansión por un pequeño departamento ni un auto lujoso por el transporte público, lo peor, como él dice, es haber sufrido el cambio de ser un "gran señor" a un don nadie.
De sus antiguos amigos -todos protagonistas de la vida política y empresarial colombiana-, no mantiene el contacto con nadie.
Son dos experiencias distintas, pero tienen en común a dos hombres que supieron remontar desde cero.
Hoy cada uno tiene negocios fructíferos, generan empleo y han sabido "perdonarse" y mejor todavía, se admiran a sí mismos no por lo que tuvieron o pueden tener, sino por su capacidad de enfrentar la adversidad.
Adrián Lozano, médico psiquiatra, dice que la mayoría de sus pacientes acude debido al descalabro financiero. Cuenta que tanto en un proceso de bancarrota, como en cualquier circunstancia adversa, el ser humano activa procesos para adaptarse al cambio.
Todas las dificultades requieren ser entendidas y superadas. Ese proceso se inicia con una incertidumbre; el sufriente es incrédulo de lo que está sucediéndole.
Luego sobreviene una etapa de shock, en donde se vuelve irritable. La tercera etapa es la de la negación: se niega a creer lo que está experimentando. Es típica la proyección en la que se buscan culpables. Posteriormente viene una fase de depresión.
Finalmente, el proceso se termina con una quinta fase, que es la aceptación. Es ahí cuando la persona acepta su realidad y su responsabilidad en ella, para así dar un paso adelante y empezar de nuevo.
Consejos prácticos
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