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El turno este miércoles fue para S&P, calificadora que considera que las mejoras en el crecimiento del país no han sido suficientes para optimizar la posición fiscal del Gobierno.
Sin embargo reconoce el empujón que ha recibido la economía nacional por la inversión, gracias a la reducción de la inseguridad y el mayor recaudo tributario.
Para S&P las finanzas públicas siguen siendo sumamente inflexibles a causa de las transferencias, el pago de pensiones del Seguro Social y el pago de intereses sobre la deuda, que se comen casi 14 por ciento de los ingresos.
"De hecho, el proyecto de presupuesto del 2009 subraya estas rigideces y por eso propone un incremento de 13 por ciento en el gasto, en gran parte por los pagos de pensiones y los subsidios para la gasolina, lo cual contrasta con un aumento nominal del PIB de 10 por ciento esperado para el año entrante", sostiene la calificadora.
Por estos motivos, S&P reitera que la rigidez de las finanzas del Gobierno es la principal limitación para obtener el grado de inversión, que fue perdido hace nueve años y cuya recuperación se ha convertido en uno de los principales objetivos del equipo económico del presidente Álvaro Uribe.
Esta semana, Moody's publicó su informe anual sobre el país en el que insiste en que, pese a las mejoras que ha registrado en su perfil crediticio, Colombia mantiene una posición fiscal y un nivel de endeudamiento que aún no le permitirían enfrentar una situación de choque, por lo cual aún no merece el grado de inversión.
Tanto Moody's como S&P aseguran que para los próximos dos años no esperan nuevas reformas en el campo económico y específicamente en el tema tributario y pensional, las cuales, en su concepto, podrían llevar a una consolidación fiscal más rápida y a una caída de la carga por deuda. "Una mayor flexibilidad fiscal y un menor gasto en deuda podrían aumentar la solvencia del país y llevar al grado de la inversión", enfatizó S&P.
De otro lado, esta calificadora hizo una defensa de la labor del Banco de la República, la cual considera como proactiva frente al tema inflacionario. Destaca el hecho que desde que el Emisor comenzó a subir sus tasas de interés, en abril del 2006, estas han aumentado 400 puntos básicos.
No obstante, S&P prevé que la inflación terminará este año en 7 por ciento, dato que no solo supera la meta establecida por el Emisor, sino también las estimaciones de los operadores financieros, los cuales calculaban (hasta julio pasado), que el costo de vida subirá este año 6,6 por ciento.
El argumento de la calificadora para esperar esa cifra es el encarecimiento de la comida, aunque aclara que la inflación deberá convergir hacia el techo de la meta en el 2009 (hoy ese techo es de 4,5 por ciento).
El mismo desafío en la toda la región
Hasta ahora, América Latina ha aguando la tormenta financiera mundial sin muchas heridas y según S&P esto se debe a la estabilidad política, las mejoras macroeconómicas y los altos precios de las exportaciones de la región.
Esto ha servido para que las calificaciones no hayan bajado. Sin embargo, la firma dice estar preocupada por el futuro, pues la gran pregunta es si los bancos centrales podrán contener la inflación, sin afectar el crecimiento económico y manejando sus tasas de cambio de una manera que no generen más problemas internos.
Estos no son los problemas regulares que el resto del mundo ha encarado y, esta vez, la buena noticia es que para Latinoamérica parece ser una desafío manejable, sostiene un informe de S&P sobre la región.
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