Yunus habló con PORTAFOLIO en el marco de la Cumbre de Microcrédito que se lleva a cabo en Cartagena, y a propósito de la firma de acuerdo para la conformación del Grameen Aval Colombia.
¿Qué es el Grameen Bank?
Es un banco que presta dinero a la gente en extrema pobreza. Hoy en día hay 8 millones de clientes, el 97 por ciento de ellos mujeres. Los préstamos se otorgan sin garantías, para actividades que generen ingresos y los repagos son semanales. Es obligatorio que todos los que nos piden un préstamo abran una cuenta de ahorros para que guarden aunque sea un centavo cada semana y así fomentar los hábitos en este sentido.
El banco también es propiedad de quienes solicitan los préstamos, de manera que esta gente pobre está vinculada directamente con él. Si tenemos ganancias, éstas se reparten entre todos. Básicamente esa es la forma en que concebimos el sistema y no pedimos dinero al Gobierno, ni recibimos préstamos de ninguna entidad.
Todo el dinero proviene de nuestro mismo sistema. Prestamos más o menos 100 millones de dólares al mes y todo viene de dineros propios del banco. En un año hemos llegado a entregar más de 1.000 millones de dólares, con una recuperación del 90 por ciento de la cartera.
¿Cómo confiar en la gente más pobre para que reembolsen los recursos prestados?
Se ha comprobado, en todas partes del mundo, que sí se pueden hacer negocios basados en la confianza. Lo contrario es funcionar donde no hay confianza, con abogados, garantías y todo tipo de documentos. Nuestro sistema ha demostrado ser mejor que el tradicional y muy fuerte. Incluso en situación de crisis se ha mantenido.
¿Cree que el sistema financiero ha fallado en el aspecto de la confianza?
El sistema convencional está diseñado sobre la base de la desconfianza, con instrumentos legales, tribunales y todo el aparato legal. De manera que la única forma por la cual ellos entregan dinero es mediante las garantías. Nuestro modelo está orientado en otra dirección. Diseñamos un sistema basado en la confianza mutua y para mantenerla tenemos un mecanismo de refuerzo: nos conocemos entre todos, entregamos el servicio en la casa de quien nos está solicitando el crédito, así nos relacionamos con todo el mundo.
¿Cómo lograr un equilibrio entre el sistema financiero de tasas altas y un banco para los pobres?
La tasa de interés debe ser fijada de tal forma que se puedan cubrir los costos. Aquí hay un elemento básico: el costo del dinero. Cuánto cuesta atraer dinero para prestarlo y cuánto cuesta entregar el servicio. Sumando estos dos factores, se puede establecer la tarifa para ofrecer el servicio, y no debe ser muy alta.
No hay motivo alguno por el cual no debe haber un equilibrio entre el costo del dinero y el interés que se cobra. No tiene que ser nada como 30 ó 40 por ciento, eso no tiene sentido. Entonces debemos buscar cuál es el costo real de la operación y cuánto margen, entre el costo del dinero y la tasa de interés que uno cobra, debe ser.
Ha manifestado una preferencia por las mujeres a la hora de otorgar el crédito, ¿por qué?
Queremos darle prioridad a las mujeres, no porque ellas sean mejores pagas, pues realmente el resultado es igual si son hombres o mujeres. Empezamos a trabajar con ellas porque los bancos convencionales, por lo menos en Bangladesh, no les prestaban dinero, inclusive si era una persona acaudalada. Era un asunto discriminatorio.
Me quejé de esa situación y empecé a asegurarme de que una mayor proporción de quienes solicitaban los créditos fueran mujeres, es decir, me aseguré de que hubiera justicia, que no hubiese discriminación.
Al hacerlo, la mitad de las personas que solicitaban los créditos eran hombres y la otra mitad mujeres, y notamos que había más impacto en el uso del dinero cuando las personas que lo recibían eran mujeres. Entonces cambiamos la política y les dimos preferencia.
¿Hacia dónde apunta su método?
En primer lugar, convencer a todo el mundo de que se puede hacer bancarización con los más pobres. No hay peligro alguno.
Fíjese que en ciertas circunstancias en las que algunos bancos piden demasiadas garantías, a veces éstos no logran recuperar el dinero y por eso colapsan. Este programa, que es a nivel global, ha demostrado la fortaleza de que se le puede prestar a la gente más pobre sin garantía y que se puede recobrar de manera sostenible.
El mensaje es que no hay razón alguna para rechazar a nadie del sistema financiero y esa es la parte más importante.
El futuro es que esto se convierta en algo grande y no simplemente llamarlo microfinanzas. Debe ser aplicado en todo el mundo, hasta el punto de que sea aceptado como un derecho humano y que sea responsabilidad de la sociedad asegurarse que se dé en todo el mundo.
Se pueden bajar las tasas
Para Yunus, las microfinanzas en Colombia funcionan hace más de 20 años, pero "uno de los problemas que se presenta aquí es que la plata no esta yendo a los más pobre. Otro problema es la tasa de interés, porque en términos generales, parece ser muy alta y dicen que así debe ser. Por eso nos invitaron, para que demostremos que las cosas se pueden hacer de otra manera, que podemos llegar a los más pobres y que las tasas de interés pueden llegar a ser más bajas de lo que son hoy".