Son como el agua y el aceite. Mientras el foro de Davos (Suiza) reúne desde este miércoles a la elite internacional de la política y los negocios adalid del capitalismo mundial, el foro social que este año tendrá como sede a Belem (Brasil) congrega a miles de personas que combaten el capitalismo y la globalización.
Sin embargo, este año las dos reuniones tienen un cariz especial: la crisis económica mundial que tiene a gran parte del mundo desarrollado en recesión y que parece darles la razón los de Belem, que defienden un orden social más justo, y que ven en las angustias de las grandes economías la prueba reina para proclamar el fin del capitalismo.
A Davos asistirán 2.500 altos responsables de la economía mundial: 43 jefes de estado y de Gobierno, una quincena de ministros de Finanzas, una veintena de dirigentes de bancos centrales y decenas de dirigentes empresariales, así como algunas Ong.
Su objetivo declarado es "rediseñar el mundo posterior a la crisis" o servir de "centro de convalecencia" para diagnosticar la gravedad de las heridas causadas al propio sistema capitalista por una carrera sin freno hacia los beneficios.
Aunque es una cita esencialmente económica, habitualmente se roban el show los temas de política internacional y la presencia de influyentes dirigentes mundiales.
Por eso, el primer requisito para participar es ser 'rico'. Las 1.000 mayores empresas del mundo pagan cada año 37.310 dólares para ser miembros del WEF (por sus siglas en inglés), y otros 17.160 dólares por cada uno de sus directivos que va a Davos. Un centenar de multinacionales desembolsan 438.000 dólares para ser 'socios estratégicos'.
No habrá gente de Obama
El discurso inaugural tendrá al primer ministro ruso Vladimir Putin. Otros invitados de excepción serán su homólogo de China Wen Jiabao, la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro británico Gordon Brown.
Pero la ausencia de representantes significativos de la administración Obama hace planear dudas sobre las ambiciones del programa del WEF.
Ante la gravedad de la crisis en Estados Unidos, "para ellos no es el momento de ir a pasearse a Davos", explicó Jean-Pierre Lehmann, profesor en la escuela de comercio IMD en Lausana.
Los expertos no esperan, por tanto, ningún milagro. Además, según dicen, los remedios que podrían salir a colación tienen pocas posibilidades de marcar una ruptura con la ideología capitalista.
Al otro lado del mundo, la discusión es de lo mismo, pero desde la orilla de los países menos desarrollados: el desplome de buena parte del sistema financiero mundial y la crisis del modo de producción capitalista serán asuntos centrales.
El foro promete reiterar su exigencia de que se eliminen los grandes organismos multilaterales surgidos tras la II Guerra Mundial y se creen otros orientados a promover la justicia social.
El otro tema importantes es el ecológico, y la defensa de la Amazonía como reserva ambiental del mundo.
Al encuentro de seis días estarán presentes activistas de unos 4.000 movimientos sociales de 150 países, que plantearán sus puntos de vista en un maratón de debates y 1.200 actividades por día.
Y esta vez, como gran excepción, participarán en el foro cinco presidentes: de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; de Bolivia, Evo Morales; de Ecuador, Rafael Correa; de Paraguay, Fernando Lugo; y de Venezuela, Hugo Chávez.
Los cinco se identifican con la nueva izquierda latinoamericana y participarán en un debate sobre Latinoamérica y sus rumbos.
En contraste, a Davos asistirán los presidentes de Colombia, Álvaro Uribe, y México, Felipe Calderón, voces del conservadurismo regional y únicos datarios latinoamericanos en la cita.