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Ocultamiento de información económica entre esposos, problema frecuente en las parejas modernas

Publicado el 11 de Enero de 2009

Muchos se reservan no solamente el monto exacto de sus entradas, sino hasta el de sus deudas. Algunos, desde el día de la boda.

Un estudio realizado en Gran Bretaña por el banco Cater Allen encontró que una de cada tres mujeres tiene algún secreto sobre su estado financiero.

Una de cada diez personas admitió no haber contado que tiene una cuenta bancaria adicional, mientras el 9 por ciento guarda bajo llave los extractos de las tarjetas de crédito y el 3 por ciento pide préstamos sin consultar con su pareja.

El 3 por ciento de los encuestados en el Reino Unido reconoció haber mentido sobre su salario y el 2 por ciento, haber escondido alguna inversión.

El 27 por ciento de las mujeres confesó haber mentido sobre la cantidad de dinero que gasta en vestuario. Uno de cada cinco hombres hace lo propio con las compras de artículos electrónicos.

'Mi' plata y 'su' plata

Estas situaciones ocurren con frecuencia entre las parejas en las que generalmente ambos son asalariados, pues cada uno siente que lo que gana es 'su' dinero y, en el mejor de los casos, se dividen los gastos.

"Si la pareja comparte el amor, es necesario que comparta el dinero. Si eso no es posible, hay que cuestionar el vínculo", sentencia el sicólogo Félix Cantoni, autor del libro Si no está disfrutándolo, ¿para qué vive en pareja?, quien señala que muchos matrimonios actúan "como si hubieran hecho una separación de bienes".

El siquiatra Álvaro Bernate está de acuerdo. Según él, los secretos comienzan cuando las parejas se están desenamorando.

Para Cantoni, la administración que las personas hacen de sus bienes materiales dice mucho de su afecto por la familia, cónyuges incluidos.

A la hora de los problemas por cuestiones económicas, los más frecuentes se producen cuando la mujer gana más que el hombre, sostiene el abogado de familia Rafael Avendaño. "Si el hombre es quien aporta más no hay problema. Esto tiene que ver con razones de orden sociocultural", explica.

El sicólogo Cantoni ha explorado mucho la relación entre el machismo y la economía. Esta, dice, puede verse en el caso de muchos que tienen una confusión entre ser hombres y ser los únicos que pueden mantener a la familia. Por eso se oponen a que sus mujeres trabajen, en especial si ellas pueden ganar más.

En ese sentido, cuando solo uno de los dos trabaja por una remuneración y el otro lo hace exclusivamente en el hogar existe la tendencia a que el primero considere lo que gana como algo suyo, de lo cual le cede algo al otro. "Un marido machista e imponente está convencido de su superioridad y usa el hecho de ser quien provee para someter a la mujer a su autoridad", agrega Cantoni.

Pero no solo hay machismo cuando la mujer se queda en casa. También, cuando el hombre quiere que ella le entregue todo lo que gana por fuera para que él lo administre.

Otra causa de conflicto es la ayuda económica que alguno le presta a su familia (padres, hermanos, etc.), pues el otro puede sentir que no hay ingresos suficientes como para repartirlos por fuera de la casa.

Y si eso es en el matrimonio, qué decir de una separación. De acuerdo con Rafael Avendaño, el experto en derecho de familia, aún no se ha acabado con esa práctica de tratar de evitar que el esposo reciba lo justo en la liquidación de la sociedad conyugal. "Muchos son ayudados por abogados que les sugieren insolventarse y pasar sus bienes a nombre de terceros", denuncia.

Por eso, para no llegar a ese punto, hay que recordar casi a diario que dos personas se unen en matrimonio para que sus acciones se encaminen en la búsqueda de un bien común, con principios administrativos básicos, como los de una empresa. Y sin llevar doble contabilidad.

Hay que hacer un presupuesto

Para la administradora de empresas Luz Marina Echavarría, autora del libro Juntos podemos, un buen presupuesto establece como prioridad disponer cerca del 30 por ciento del ingreso para pagar el arriendo o las cuotas de la hipoteca, 7 por ciento para el carro (transporte), 15 por ciento para los gastos de los niños -si los hay-, 10 por ciento de ahorro, 15 por ciento para comida y el resto para la diversión y los imprevistos.

Cuando el dinero no se maneja en esos términos, advierte, vienen los conflictos. Por eso conviene ceñirse a ese esquema, aunque sean los hombres los que -por tradición- manejen el dinero.

Necesidades antes que deseos

En eso coincide el sicólogo Félix Cantoni, quien ha detectado que la gran mayoría de las discusiones familiares se debe a problemas originados por la falta de una guía para gastos y ahorros. Esta debe hacer parte de un plan para lograr el equilibrio financiero, de acuerdo con los ingresos con los que cuente la familia.

El experto recuerda que las necesidades deben estar por encima de los deseos y que es imprescindible tener una reserva para las emergencias.

Y un consejo final: pagar las cuentas a tiempo y tan pronto se recibe el dinero. Eso evita tentaciones, retardos y peleas.

¿Y si no hay dinero? "Analizar las posibilidades de aumentarlo, pero también hay que saber apretarse el cinturón", sentencia Echavarría.

ANA MARÍA GÓMEZ
REDACCIÓN DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS

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