EL PORTAL DE ECONOMÍA Y NEGOCIOS
Foto: Efe / Universidad de Princeton
Son famosas las columnas de opinión en las que Krugman ha analizado el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres en la era Bush.
A los 55 años, es un destacado docente y reconocido columnista, popular en Estados Unidos por los polémicos artículos que publica en el New York Times.
Son famosos sus cuestionamientos al manejo económico que le ha dado al país el presidente George W. Bush, y sus análisis de cómo las economías de escala afectan el comercio internacional.
Incluso, llegó a predecir la actual crisis financiera que atraviesa esa nación, que tiene en ascuas a todo el mundo.
Nacido el 28 de febrero de 1953 en Long Island (Nueva York) en una familia judía, se graduó en el Instituto de Tecnología de Massachusetts.
Su carrera docente lo llevó a enseñar en las instituciones más prestigiosas, como las universidades de Yale y Stanford, la London School of Economics y sobre todo Princeton (Nueva Jersey).
Pero fue gracias a sus libros y a sus columnas, donde el análisis económico es el arma nuclear de su arsenal de argumentos, que Krugman alcanzó la notoriedad hoy coronada por el Nobel.
En el primer mandato del presidente George W. Bush, Krugman fustiga desde su óptima liberal y Keynesiana -la escuela económica que cree en el poder de control del Estado en épocas de crisis- a la administración republicana.
'Sin pelos en la lengua'
En el año 2003 publicó el libro The Great Unravelling (El gran engaño), un ataque frontal contra la gestión de Bush, que se convirtió en todo un best seller. Su principal argumento es que el déficit acumulado por la Casa Blanca mediante el recorte de impuestos y el aumento del gasto público, sobre todo a causa de la guerra en Irak, eran insostenibles.
También publicó el libro 'La conciencia de un liberal', en el que con estadísticas y cifras fustiga el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres en la era Bush.
'Sin pelos en la lengua', Krugman cosechó millones de lectores, que siguen con asiduidad sus columnas, pero también algunos enemigos. Y su franqueza le ha cerrado las puertas de la política.
En 1993, el presidente demócrata Bill Clinton consideró su nombre para un puesto importante, pero él desistió.
"Mi temperamento me indispone para ese tipo de funciones", dijo entonces.
NUEVA YORK (AFP)
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