La UE lo llama "la fuga del carbón" porque esas importaciones harían que las empresas contaminantes abandonaran Europa -provocando despidos masivos- para irse a países donde contaminar sea más barato.
Ditte Juul-Jorgensen, jefe de la Unidad de Desarrollo Sostenible en la Dirección General de Comercio de la Comisión Europea explicó durante un seminario celebrado en Bruselas que las reglas de la OMC no impiden tomar acciones si son para prevenir el cambio climático. Pero estas restricciones a los contaminantes para alcanzar un tratado que suceda a Kyoto impedirían un acuerdo sobre el comercio mundial.
Sin nombrarlos, sus comentarios eran una referencia a las restricciones a las importaciones o a nuevas tarifas aduaneras que podrían ser impuestas por los países desarrollados para controlar las emisiones contaminantes.
La UE podría así establecer cuotas de emisión de gases gratuitas para proteger a sus industrias y cobrar a las extranjeras. En Estados Unidos la situación no sería la misma, pero, según Benjamin Simons, jurista en el Departamento Económico y Comercial del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente, toda ley emanada de Washington podría llevar restricciones a las importaciones siguiendo el mismo argumento que los europeos.
Según Doaa Abdel Motaal, asesor de Pascal Lamy, director general de la OMC, las restricciones comerciales como las tarifas aduaneras sobre las importaciones según la emisión de co2 de los productos son un error. Para esta experta, esto no ayudará a conseguir un acuerdo internacional sobre el clima. Motaal considera que las medidas comerciales no son ni mucho menos la mejor opción para frenar el cambio climático, porque lo que lograrían sería cambiar el destino de las importaciones "sucias" y no harían que los países en desarrollo redujeran sus emisiones contaminantes.
IDAFE MARTÍN PÉREZ
DESDE BRUSELAS PARA EL TIEMPO