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Instituto Nacional de Investigación y Prevención del Fraude, que agrupa al 85% de las aseguradoras del país, dice que trampas con automotores se han incrementado desde que bajaron de precio.
Colombia es un país donde la accidentalidad es el pan de cada día, por lo que las aseguradoras tienen un enorme potencial de clientes.
Por la misma razón, es frecuente encontrar inescrupulosos que buscan 'tumbar' a estas compañías cobrando seguros por daños que nunca ocurrieron.
En esta lista negra figuran autorrobos, graves accidentes sin heridos y vivos que se hacen pasar por muertos para cobrar millonarias pólizas.
Aunque es muy difícil cuantificar lo que le cuesta al gremio este tipo de conductas, el Inif arriesga una cifra superior a 108.000 millones de pesos para el año pasado, que corresponde solo a los desfalcos cometidos con automóviles.
Autorrobo, lo más común
El gerente del Instituto, Laude Fernández, señala que desde que empezaron a caer los precios de los carros se han disparado los fraudes cometidos con ellos.
La modalidad más conocida es el autohurto, es decir que un usuario que tiene su automóvil asegurado finge que se lo robaron para poder cobrar el seguro y así recuperar el valor comercial del vehículo. El automotor aparentemente hurtado es desguazado o vendido.
Otro mecanismo frecuente es que la gente aparenta accidentes leves y los hace pasar como mayores e incluso pide pérdida total para cobrar altas sumas a las aseguradoras.
Una de las historias más curiosas es la de un cliente que aseguró un carro de gama alta, que después fue objeto de una reclamación por accidente. En la investigación sobre el siniestro se encontró que se trataba de un automóvil clon, construido con partes pertenecientes a automotores diferentes, de menor precio.
En el caso de la aseguradora AIG, entre el 75 y el 80 por ciento de los fraudes que han detectado se relaciona con reclamaciones de automóviles. El porcentaje restante corresponde a otras pólizas, como hogar, vida y hasta seguros de productos financieros.
En cuanto a los seguros de vida, el Inif indica que es la modalidad más utilizada por las bandas organizadas. Por ejemplo, aseguran a una persona en varias compañías, luego fingen su muerte y cobran las distintas pólizas.
También hay casos de personas que toman pólizas en el exterior y luego fingen muerte o desaparición. Fernández señala que en este tipo de seguros es más difícil hacer controles, en la medida en que esas compañías no hacen cruces de información sobre los siniestros que les reclaman.
En cuanto al Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (Soat), en algunas regiones hay intermediarios que declaran información falsa sobre los vehículos que adquieren el seguro, para que el costo sea menor. Como se sabe, la tarifa depende de ciertas características del carro y del uso que se le da.
En transporte se han identificado alianzas entre defraudadores de seguros, piratas terrestres y empleados de firmas cargueras para fingir pérdida o hurto de las mercancías. En Bogotá detectaron a una banda que solo en tres meses logró defraudar a varias compañías de seguros por 1.300 millones de pesos.
Cómo hacerles frente a los usuarios inescrupulosos
Las aseguradoras consideran el fraude como un flagelo. Por eso, han convertido en una prioridad los trámites para detectarlo y controlarlo.
Una de las claves ha sido cruzar información. En ese sentido, las compañías ingresan en un sistema todos los siniestros que se registran. Así, pueden establecer tendencias y conductas extrañas que puedan desembocar en un fraude. Esto también permite tener un registro de usuarios que reportan accidentes varias veces al año, en diferentes empresas de seguros.
Estas han intensificado las investigaciones de los siniestros y tienen sus propias listas de chequeo y control para la prevención de fraudes, en las cuales aparecen unas alertas sobre tendencias de conducta delictiva que se han presentado en el pasado.
Para Antonio Sales, gerente de reclamos de AIG, tanto el fraude como el intento de cometerlo no solo afectan a su compañía, sino a todo el mercado. En la medida en que se deben destinar más recursos a los mecanismos de detección y control de este tipo de conductas, explica, son mayores los gastos administrativos y esta carga normalmente la sienten los consumidores.
También hay 'fraudes blandos'
El directivo indica que aunque el fraude es un delito, uno de los inconvenientes es la falta de leyes contundentes para castigar este tipo de conductas.
Por no hablar de los 'fraudes blandos', término que el gremio usa para referirse al partido adicional que se le saca a un siniestro.
El vicepresidente administrativo y de control de la Aseguradora Solidaria, Carlos Eduardo Valencia, pone el ejemplo de un usuario que, a la hora de hacer los arreglos de un automóvil estrellado, el usuario se vale del seguro para arreglar daños tenía el vehículo antes del accidente.
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