"Por ahora no lo están haciendo y están castigando sus márgenes (de utilidad), pero es factible que no puedan aplazar por mucho tiempo más las alzas", comenta Sergio Clavijo, director de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif).
Pese a que la revaluación del peso frente al dólar ha sido la constante de los últimos cuatro años, las materias primas importadas son las que más están afectando los costos de los empresarios. Esto, porque muchos productos básicos, como el petróleo y los fertilizantes, subieron más rápido de lo que bajó el dólar.
Para completar el panorama, la revaluación está cediendo. En abril, cuando la caída anual del dólar era del 16,25 por ciento, el IPP anual de los insumos importados se ubicó en -8,17 por ciento.
En julio, fecha en que la revaluación anual bajó a 8,60 por ciento, el otro dato ya no fue negativo, sino que se ubicó en 2,75 por ciento, lo que afectó los presupuestos de las empresas.
La reacción del dólar, que ya bordea los 2.000 pesos, contrarresta el abaratamiento de los insumos importados (el petróleo ha bajado 20 por ciento desde el precio máximo de 145 dólares que alcanzó a principios de julio).
"El efecto de la tasa de cambio sobre la inflación lo sienten primero los empresarios, que son los que traen los productos importados. Por eso es lógico que si sus costos se les suben eso también afecte a los consumidores. Sin embargo, esa transmisión no es inmediata; puede demorar entre dos y tres meses", asegura Ótman Gordillo, analista de Alianza Valores.
Por la presión que va a generar el IPP, agrega, es factible que en lo que resta del año el costo de vida no baje tanto como aspira el Gobierno.
A los industriales, agremiados en la Andi, les preocupa que sus costos de producción suban muy por encima de la inflación, y por eso incluyeron una pregunta sobre este tema en la Encuesta de Opinión Industrial, que realizan cada mes.
En el primer semestre del año, el 59,8 por ciento de los encuestados dijo haber aumentado sus precios. Los factores de producción que más les subieron fueron las materias primas (17,8 por ciento) y los costos financieros (14,6 por ciento).
Otro temor que se presenta cuando a las empresas les suben mucho los costos de producción es que se vean obligadas a recortar la nómina para no afectar sus márgenes.
En general, los analistas consultados sostienen que ese es un escenario remoto en Colombia, pues se requeriría que la demanda estuviera mucho más afectada para que los empresarios tuvieran que tomar esa decisión.
No obstante, lo que sí aseguran es que este fenómeno generará mayores presiones para la negociación del salario mínimo del año entrante.
Servicios públicos y percepción
Contrario a lo registrado en meses anteriores, en los que la inflación estuvo impulsada por los alimentos, en agosto la carestía corrió por cuenta de los servicios públicos, que -a diferencia de la comida- no han frenado su ritmo ascendente.
La energía eléctrica es el que más se está encareciendo, con un alza de 13,91 por ciento en términos anuales. Parte de esa subida se debe a que las tarifas de los servicios públicos se fijan con base en el Índice de Precios al Productor (IPP), que está subiendo más que el Índice de Precios al Consumidor (IPC).
El panorama se torna peor si se tiene en cuenta que las facturas de la luz pueden subir más dado que la Comisión de Regulación de Energía y Gas está preparando un ajuste del régimen tarifario.
Un estudio de la firma Raddar, especializada en consumo, muestra que la inflación que perciben los hogares es mayor que la que reporta el Dane, pues estos tienen unos patrones de consumo diferentes a los que mide la institución oficial. Justamente por esta razón se está preparando una actualización de la canasta familiar.
Según las estimaciones de Raddar, entre enero y agosto los consumidores percibieron una inflación de 9,78 por ciento, mientras que el cálculo del Dane es de 6,74 por ciento.
Esta diferencia respondería en parte la tradicional pregunta que muchos se hacen sobre dónde merca el Dane.