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Las dificultades de entrar en ese mercado

Ingresar al mercado brasileño no es un camino fácil, hay muchas espinas en el trayecto, y esa es una realidad reconocida tanto pública como privadamente, por Brasil y sus socios andinos.

"Tenemos problemas muy serios de infraestructura, trabas no arancelarias, problemas con la burocracia y una estructura impositiva muy compleja y difícil de comprender", advierte Sandra Ríos, coordinadora del estudio.

"Para que se pueda promover el comercio entre nuestros países, es preciso superar varias dificultades logísticas, de escala, de documentación y otras que resultan de esa falta de costumbre, pues las economías suramericanas fueron estructuradas, históricamente, según un modelo de comercio que privilegia las relaciones comerciales con los mercados tradicionales (Norteamérica, Europa Occidental y Lejano Oriente)", explica Toledo Barros.

"El gobierno brasileño está buscando resolver las trabas burocráticas que puedan dificultar las importaciones de países suramericanos", agrega el secretario.

En el estudio de Funcex, los cinco países andinos coincidieron en que la asimetría de tamaño de su mercado, la concentración de su comercio en pocos productos y los elevados costos de transporte eran sus principales limitaciones.

Mientras que la falta de información sobre las empresas importadoras, la discrecionalidad de las políticas de importación, las barreras sanitarias y fitosanitarias, las regulaciones técnicas, el tiempo para obtener las licencias y los horarios de funcionamiento de los puertos y las oficinas aduaneras, eran los mayores obstáculos que imponía Brasil.

Para Javier Díaz, presidente de Analdex, las dificultades que generan mayor traumatismo al ingresar al mercado brasilero son: "Primero, la parte impositiva interna -pues muchos exportadores solo se concentran en ver qué tan bajo es el arancel, y cuando llegan se dan cuenta de que muchas veces los impuestos valen más que su mercancía-, y segundo, las normas técnicas de empaque, rotulado y etiquetado".

Por otra parte, de manera individual, las firmas colombianas no logran conformar los volúmenes que requiere el mercado brasileño, y los intentos de establecer consorcios han sido fallidos por celos empresariales, según anota Díaz.

Tanto él como Ríos insisten en la necesidad de establecer alianzas comerciales y buscar nichos de mercado cuyo tamaño se ajuste a la oferta, como los del norte y centro-oeste de Brasil. Y el primer paso para no echar en saco roto el PSC es perder el miedo a explorar el mercado potencial que está a la vuelta de la esquina.

"Muchas veces los empresarios, así les den los números, sienten temor a un mercado tan grande como este", admite el director de Proexport Brasil. "La sensación que tiene la gente cuando uno le habla de Brasil es temor. Hay un gran desconocimiento de su mercado. Tenemos que hacer un esfuerzo para conocerlo y visitarlo porque no basta con cruzar las cifras estadísticas", concluye Díaz.

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