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En eso concuerdan varios analistas que fijan el 9 de agosto del 2007 como el inicio de la turbulencia, y que aseguran que es la crisis que luego de empezar en E.U. contagió al mundo.
Si bien la caída de los precios de las viviendas se inició en el 2006, ese día la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) y el Banco Central Europeo (BCE) tuvieron que intervenir de manera masiva para proveer liquidez a los mercados.
La 'burbuja inmobiliaria' comenzó a formarse en Estados Unidos en el año 2003, cuando las entidades financieras se dedicaron a conceder sin mesura las llamadas 'subprime' o hipotecas de alto riesgo, a personas sin solvencia económica.
Este fenómeno desató la demanda de casas e hizo que los precios se dispararan, en un proceso que se prolongó por casi tres años. Millones de compradores firmaron hipotecas que tenían un tipo fijo durante dos a cinco años y luego variable, con la ilusión de que los precios de sus propiedades seguirían subiendo.
Una crisis silenciosa
Pero no fue así. Conforme la FED encarecía el precio del dinero, la burbuja se desinfló, cayeron los precios de las propiedades y muchos compradores se encontraron con un encarecimiento inesperado de sus hipotecas y con que su propiedad valía menos que lo que debían a los bancos.
Un año después, las hipotecas 'subprime' o de alto riesgo han pasado a estar en boca de todos no solo por sus criterios de concesión 'basura' -fueron dadas a clientes Ninja ("no income, no job, no asset", que traduce: sin renta, sin trabajo y sin activos)-, sino también por haber provocado la mayor crisis desde la Gran Depresión de 1929.
De momento, los pesos pesados a nivel internacional -desde Citigroup al Hsbc, pasando por Royal Bank of Scotland, Deutsche Bank o UBS- llevan anunciadas pérdidas por valor de 223.000 millones de dólares por la depreciación de sus activos, fundamentalmente bonos hipotecarios conocidos con el exótico nombre de collateral debt obligations (CDO).
Precisamente, esos instrumentos fueron los que dispersaron a nivel mundial el riesgo de subprime, dando lugar a una crisis que ha hundido las bolsas, que ha disparado los precios del crudo, y que el FMI espera que desacelere el crecimiento mundial desde el 5 por ciento del 2007 al 3,9 por ciento el próximo año.
El negocio con tara de los CDO se gestaba así: una entidad financiera concedía un crédito hipotecario, con bajos intereses, a una persona de dudosa solvencia.
Ese préstamo de riesgo era revendido a otra entidad en forma de deuda hipotecaria y empaquetado con otros créditos de calidad que se vendían a inversionistas, lo que permitía al banco que había concedido el crédito quitarse de encima el riesgo y obtener liquidez para seguir prestando.
La apariencia de seguridad la terminaban dando las agencias de rating, que asignaban calificaciones apetecibles a esos productos, dado que las posibilidades de impago del paquete eran mínimas.
Los créditos subprime crecieron como espuma, y ya se han convertido en la pesadilla de 7,2 millones de familias estadounidenses y del resto del mundo.
Un año después de aquel fatídico 9 de agosto, lo cierto es que a los reguladores se les olvidó seguir el principio que guió al presidente Ronald Reagan en los acuerdos sobre armas nucleares con la Unión Soviética: "Confía, pero verifica".
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