La situación de los coteros barranquilleros se vive en otras zonas de mercado del país, donde la carga comienza a llegar con retraso y más escasa que en épocas normales.
Por ejemplo, en Manizales son unos 200 hombres que esperan la llegada de camiones cargados de verduras de los que depende su sustento. Son trabajadores sin seguridad social y ningún tipo de prestaciónes.
En Manizales están ubicados, además de los Cámbulos, en la Estación Uribe, Maltería (en la zona industrial), La Enea y sobre la carrera 25.
El sector de los Cámbulos, sobre la carretera Panamericana, en el occidente de Manizales, es uno de los puntos de trabajo.
Aquí llegó muy de madrugada Miguel Rendón, un muchacho de 24 años, de piel trigueña y flaco. Pero las tractomulas y los camiones a los que les ponía la mano pasaban de largo.
Lo mismo le pasó a una decena de 'braceros' que se paran en 'La playa', como llaman al lugar. A diario hay unos 25 hombres, pero ayer no había ni la mitad.
"Nosotros también movemos la economía del país", afirma el muchacho, parado en el mismo lugar desde donde partió un desfile de 30 camiones se niegan a trabajar y de los que depende que él y su familia tengan qué comer.
Antonio Sarabia: un cotero sin trabajo
Sentado contra una pared y con la mirada perdida en el polvorín de la zona de Barranquillita, Antonio Sarabia, cotero de arroz de toda la vida, sigue a la espera de que aparezca la primera tractomula del día.
No recuerda cuántos bultos de arroz padi -sin procesar-, ha cargado desde sus 22 años. Hoy, lo que más lo aturde es que debe ganarse unos pesos para poder cargar los gastos de su casa. "Ya va casi una semana que uno viene y con las mismas se va en blanco", dice.
Se gana 25.000 pesos al día con los que sostiene a las cuatro personas de su familia. Dice que 20.000 se le van en las tres comidas y los 5.000 los gasta en sus pasajes entre el barrio Las Américas y el Mercado. "Las cosas que faltan en el hogar se fían en la tienda y tenemos que engañar al cachaco para que espere que se arregle la mano", dice.
Los coteros, por lo general hombres robustos, de pile oscura y de gran fuerza muscular, cuentan que antes trabajaban de 6 de la mañana a 6 de la tarde y hasta podían hacerse unos 48.000 pesos.
Ahora, a la una de la tarde ya están desocupados Ellos son muy unidos, por eso, si no hay carga, todos se marchan sin nada; y cuando hay movimiento, todos se llevan un poquito.
Este jueves empezaron a sentirse los rigores del paro camionero, que ya completa ocho días. "Si esto sigue así, el mercado de granos de Barranquilla entrará en colapso a más tardar en diez días", afirma Luis Miguel Lache, propietario de una procesadora y bodega de arroz.
Y mientras la situación se normaliza, Antonio Sarabia baja su gorra a la altura de su rostro y clava la mirada en el piso, quizás esperando sentir el gruñido del motor de su primera mula del día.