El estudio se realizó gracias a un convenio de cooperación entre la Universidad Central y la Gobernación de Cundinamarca.
El fenómeno de localización de empresas por fuera de los bordes de Bogotá, al igual que en Medellín y Cali, ha llevado a una "desindustrialización relativa" de las capitales en favor de sus departamentos. Es decir que el crecimiento de las industrias en zonas cercanas pero fuera de las ciudades es mayor que el que se da en las capitales, de acuerdo con el estudio.
El fenómeno ha significado que el Producto Interno Bruto (PIB) industrial de esas tres ciudades haya venido perdiendo peso dentro del PIB total, lo que no significa desaparición de industrias en sus áreas sino que ahora pesa más la producción de las empresas situadas en territorio departamental.
Cabe recordar que siete zonas francas cuya operación ha sido autorizada en los últimos meses funcionarán en los municipios cercanos a la capital de la República, es decir, en territorio del departamento de Cundinamarca.
"Se dice que la industria se está yendo de Bogotá hacia los municipios vecinos, lo que es parcialmente cierto, pero lo que sucede es que nuevas empresas se han instalado en el anillo metropolitano", señala el director del Centro de Investigación y Estudios (Cies) de la Universidad Central, Édgar Moncayo Jiménez.
Las siete zonas francas que se levantarán en Mosquera, Cota (2), Facatativá, Soacha, Funza y Tenjo, donde existen compromisos de inversión cercanos a 450 millones de dólares son una muestra de ello.
No es tanto que Bogotá, Medellín y Cali estén expulsando empresas de sus territorios sino que repelen la instalación de nuevas industrias, advierte Moncayo, quien dirigió la investigación.
La preferencia empresarial por la 'provincia' tiene que ver, según explica el investigador, con los precios bajos de la tierra respecto a las capitales, exenciones tributarias municipales, menor congestión de las vías y temas ambientales, entre otros aspectos, con la ventaja de estar cerca de mercados grandes como los de sus capitales de departamento.
El objetivo de la investigación era saber qué sectores y en qué municipios de Cundinamarca se están localizando las empresas, lo que implicó investigar sobre la desindustrialización relativa de Bogotá, con el fin de que el departamento y el Distrito adopten las medidas que conduzcan a una desarrollo armónico y concertado en beneficio de toda la población.
Cifras a la baja
Aunque Bogotá ha consolidado su participación en el PIB nacional al pasar de 22,4 por ciento en 1975 a 24,4 por ciento 30 años después, la actividad manufacturera ha perdido importancia: en el mismo periodo bajó de 25,5 por ciento a 22,9 por ciento, mientras que en Cundinamarca avanzó del 4,2 por ciento a 7,7 por ciento, un ligero descenso frente al 2000, terreno que fue ganado por Santander, que dio un espectacular salto en el quinquenio.
En el 2005, el PIB capitalino total fue igual al de 16 departamentos y, junto con Antioquia, Valle, Santander y Cundinamarca, representaron el 60 por ciento del PIB nacional. Vale la pena anotar que en 1975 Atlántico salió del quinteto líder en la economía colombiana desplazado por Cundinamarca.
Entre 1976 y 1990, el PIB de la capital colombiana tuvo un crecimiento promedio de 5,51 por ciento, que bajó a 3,34 por ciento entre 1991 y el 2005 (lapso que abarca la apertura de la economía colombiana, su caída a finales de los 90 y su posterior recuperación). Para los 30 años terminados en el 2005, el desempeño promedio fue de 4,43 por ciento.
El PIB de Cundinamarca, por su parte, creció 5,47 por ciento en la primera etapa; tuvo una mejor evolución que Bogotá entre 1991 y el 2005 (3,49 por ciento), y aumentó la mitad del PIB capitalino en la fase de recuperación 2001-2005, para un crecimiento promedio de 4,48 por ciento en 30 años, ligeramente por encima del de Bogotá.
En el escalafón departamental del PIB per cápita real, Bogotá estaba en el puesto 22 en 1975; tres décadas después subió al 15, una ganancia de siete escalones. Cundinamarca pasó del puesto nueve al siete; sin embargo, el crecimiento promedio del departamento para todo el periodo fue de 2,28 por ciento, mientras que el de la capital fue de 1,41 por ciento.
Para Moncayo, las cifras anteriores muestran que la industrialización dinámica es posible en un modelo de apertura, lo que es clave para el diseño de políticas públicas que le den apoyo a ese comportamiento.
Igualmente, que ese desbordamiento industrial hacia la periferia se presenta en sectores modernos, de tecnología avanzada, como autopartes, plásticos, alimentos, y con perfil exportador.
Bogotá y Cundinamarca, agregó, deben hacer un esfuerzo de planificación como ciudad-región con el apoyo del gobierno nacional pues los intentos que, en este sentido, se hicieron en el inmediato pasado han languidecido.
Competencia por la inversión
El desarrollo de la zona industrial de Cota en los últimos años ha sido acelerado, gracias a que el Concejo aprobó en el 2004 una exención temporal del ICA a las empresas que se establecieran en su jurisdicción.
Esa decisión entró a competir con gabelas similares que daban los municipios vecinos a las nuevas inversiones. Para el alcalde de Cota, Néstor Guitarrero, la instalación de nuevas empresas, una mejor infraestructura de servicios públicos y el desarrollo de vías son fuentes generadoras de empleo que deben favorecer la economía local.