'Pienso que esta crisis no es el fin del mundo'

Marzo 25 de 2008 -
El director de la influyente revista 'Foreign Policy', el venezolano Moisés Naim, afirma que la situación actual de la economía estaba anunciada.

Naim es considerado uno de los analistas más agudos del mundo actual. Con un doctorado del prestigioso Massachussets Institute of Technology, este ex ministro del gobierno de Carlos Andrés Pérez es desde hace una década director de la influyente revista Foreign Policy en Washington. Autor del libro Ilícito y columnista semanal del diario El País de España, Naim vendrá a Colombia en junio próximo invitado por la Asociación de Fiduciarias. En medio de su apretada agenda, le concedió una entrevista a PORTAFOLIO.

¿Cómo analiza la crisis actual?

Sorprende la sorpresa. Desde hace casi cinco años los expertos y los economistas han venido diciendo que la economía mundial está desbalanceada; que la situación del déficit fiscal y comercial de Estados Unidos no es sostenible; que la tasa de cambio china está creando distorsiones; que en E.U. no se ahorra sino se consumen productos hechos en oriente; que hay una burbuja inmobiliaria; que los estadounidenses se han endeudado de manera exagerada; y que otros son los que les prestan dinero, por lo cual se requiere un ajuste. Pero finalmente el ajuste ocurre y todo el mundo tiene dos reacciones: la primera de sorpresa a pesar de que lo que debía pasar ocurrió y la segunda reacción es intentar truncar un ajuste que todo el mundo decía que era necesario.

¿Qué está pasando?

Lo que está ocurriendo es una crisis de liquidez crediticia importante. Esto al mismo tiempo se da, por irónico que parezca, con las acumulaciones de liquidez más grandes de las últimas dos décadas, pues los exportadores asiáticos, los exportadores petroleros y los exportadores de materias primas están llenos de dinero. Lo que hay es un problema de cómo se reciclan las acumulaciones en el mundo ya que parece haber una falla en el proceso de intermediación. Esta tiene que ver con el sistema financiero.

¿Y qué efectos tiene?

Que no estamos realmente en una crisis de crédito sino en una crisis de transparencia. Los bancos están renuentes a prestar porque no tienen claro cuál es el grado de riesgo de la contraparte. Eso tiene mucho que ver con la expansión de la utilización de elementos como los derivados financieros que son instrumentos matemáticamente muy complicados que ni siquiera los mismos que los compran y los venden son capaces de decir con claridad cuánto valen y qué riesgo implican. En consecuencia nadie sabe quién tiene qué riesgo, cómo se dispersa ese riesgo en el mundo, ni cómo son los balances de la contraparte que está pidiendo créditos. Como no se saben leer los balances del prestatario, entonces no se presta. Parece contradictorio, pero esa falta de transparencia ocurre en el sector que debería ser el más transparente que es el sector financiero, en donde todas las transacciones son escrutadas, todo es electrónico, todo está medido y nadie hace nada sin que todo el mundo lo sepa. En teoría es un sistema muy transparente, pero la paradoja es que en la práctica resultó ser un sistema bastante opaco.

¿Cómo se explica eso?

Para explicar lo que pasa hay dos escuelas de pensamiento: la que dice que esta es la crisis financiera más importante de los últimos 60 años y que va a cambiar el mundo para siempre, y la que dice que es el ajuste necesario que se venía pronosticando y que va a haber un crecimiento más lento de la economía, que probablemente Estados Unidos entre en recesión y que otros países van a sufrir las consecuencias de ello. Pero que no es el fin del mundo. Eso también pienso yo.

Pero no todo pasa de manera uniforme...

Eso es cierto. Hay realidades diferentes. Por un lado, parecería que hay una gran divergencia entre la suerte del sector financiero y el manufacturero. Entre los líderes de las entidades de crédito se encuentra mucho pesimismo, nerviosismo y preocupación. Este es muy superior al que se encuentra entre los líderes de empresas industriales como las productoras de metales y maquinaria. Ellos sienten algunos efectos pero nunca al nivel de lo que está sintiendo el sector financiero. Para los productores de metales o de comida, por ejemplo, el mundo luce menos preocupante que para el dueño de una compañía financiera con niveles de riesgo muy alto en el sector inmobiliario. Hoy en día es mas cómodo ser el jefe de Caterpillar o Alcoa que de Citicorp.

¿Qué más?

Hay otro desacoplamiento con los países menos desarrollados. Ya hay cierta capacidad de consumo en la India, China, Brasil, México, Indonesia, Tailandia, Turquía, Vietnam o Europa Central y hasta ciertos países de África. Allí se está creando una clase media que no necesariamente tiene los mismos patrones de consumo de la de los países ricos pero que consume más y de todo y que genera demanda interna en el país del caso, con dinámica para sostenerlo. No necesariamente es suficiente para compensar el impacto de la recesión que tendrá una economía como la norteamericana, pero en algo va a amortiguar el impacto.

¿Ha cambiado el paradigma del desarrollo?

Lo que hay que tener claro es que han aparecido nuevos consumidores en el mundo: no solo la clase media, sino también el peso de miles de millones de personas que están pasando de economías de subsistencia básica a economías donde tienen cierta capacidad de consumo discrecional. Muchos que antes no lo hacían están comiendo tres veces al día o están gastando más en medicinas o ladrillos. Pero nada puede reemplazar el hecho de que hay que crearle valor agregado a los productos. Un país puede exportar soya pero si la vende procesada hay unos márgenes adicionales que son importantes. Chile exporta frutas que tienen valor agregado en empaque, refrigeración, distribución y otras cosas.

¿Cómo analiza el tema de los biocombustibles?

Está inflado, especialmente el etanol. Se produjo una moda por la desesperación ante los costos crecientes de la energía a partir de hidrocarburos, que generó un entusiasmo desproporcionado en otras opciones. Está empezando a aclararse que tiene algo de validez, pero ciertamente no es la solución que había sido anunciada y vociferada el año pasado. El tema energético no va a tener una salida mágica, sino ésta vendrá de varias partes como resultado de ajustes en el sistema de precios y de los patrones de consumo. Bajo ese esquema habrá el desarrollo de tecnologías como la solar, la nuclear, la eólica y los biocombustibles. Todo va a ser necesario. Y veremos pronto mucha innovación tecnológica en el campo energético que nos sorprenderá muy positivamente.

¿Y América Latina?

Dividida entre los países que se están beneficiando de las oportunidades creadas por este boom mundial y otros que están enredados. Es paradójico que en momentos en que el mundo más demanda comida y petróleo, naciones como Argentina y Venezuela estén con la inflación más alta de la región, con desabastecimientos importantes. Por lo tanto, hay algo que no funciona. Esa es la ironía: a muchos el mundo les ofrece oportunidades importantes y las están desperdiciando.

¿Qué caso rescataría?

Brasil, que es la gran noticia de la década. Tanto en su crecimiento como en su progreso social, sus innovaciones en términos de apoyo a los más necesitados, hay cosas positivas que están pasando. El descubrimiento petrolero gigantesco que hizo hace unos meses, lo va a colocar en unas ligas diferentes. Mexico, a su vez, está muy enredado en su guerra contra los carteles de la droga y entre los mismos carteles y muy lastrado por los monopolios internos, especialmente en telecomunicaciones y energía. Pero a pesar de eso será una historia más positiva que negativa.

¿Y Colombia?

Muy bien. Admiro lo que se ha hecho con el tema de seguridad ciudadana y otras iniciativas. ¿Quién hubiese dicho hace unos pocos años que es más seguro caminar en las calles de Bogotá que en las de Ciudad de Mexico o Buenos Aires -por no mencionar Caracas? A pesar de lo mucho que queda por hacer para cambiar la imagen de un país que aún asusta a los inversionistas, los que se atreven a investigar oportunidades en Colombia suelen salir muy bien impresionados. Creo que los colombianos tienen muchas razones para felicitarse y muchos retos muy difíciles que todavía están pendientes. Pero esa es la naturaleza del subdesarrolo. Hay que pedalear muy duro todo el tiempo para avanzar en algo o para no caerse. Si se deja de pedalear no solo no se avanza, sino que se retrocede. 

Ricardo Ávila
Director de PORTAFOLIO

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