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La desocupación llega al 18% en la población entre 18 y 24 años, dos veces más que el promedio general. En países como Italia, Francia, Grecia y Polonia esa tasa llega al 30%.
Esa situación ha provocado que se escriban libros como la novela Generazione 1.000 euro, de los italianos Alessandro Rimassa y Antonio Incorvaia, que primero fue publicada en Internet y luego, cuando llegó a las librerías se convirtió en un verdadero best-seller.
"Cualesquiera que sean las causas invocadas en los diferentes países, desde crisis económica, deficiencias del sistema educativo, incapacidad general de reformas del sistema hasta falta de capacitación, toda Europa margina a esos jóvenes de la sociedad", sostienen estas personas.
En esa región es común encontrar jóvenes que, pese a vivier en este continente opulento, sufren para conseguir un trabajo estable o pasan años yendo de un empleo temporal a otro.
Además cobran salarios de miseria, están obligados a vivir en casa de sus padres porque no pueden comprar ni alquilar una vivienda y, en definitiva, viven frustrados, marginados y desamparados frente a una sociedad que no les da respuestas.
El fenómeno alcanzó tal dimensión que los sociólogos estudian el problema de esos millones de náufragos sociales, conocidos en Francia como génération précaire (generación precaria), generazione 1.000 euros en Italia (por lo que ganan), generation praktikum en Alemania y mileuristas en España.
Hijos de la generación del baby boom, esos jóvenes, que algunos se empeñan en llamar baby losers, miran con asombro el ejemplo de sus padres que, a la misma edad, tenían un empleo estable, habían fundado una familia, poseían vivienda y automóvil, y podían salir de vacaciones todos los años.
"Por primera vez en la historia reciente de Francia, la generación que tiene entre 20 y 40 años sabe que tendrá un nivel de vida inferior a la generación precedente", afirma el sociólogo Louis Chauvel, profesor del Instituto de Estudios Políticos de París.
Aunque no existen estadísticas precisas, extrapolando datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre desempleo y de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (Ocde) sobre graduados universitarios, los sociólogos estiman que existen 3,5 millones de jóvenes en situación precaria, principalmente en los países del sur (Italia, Francia y España).
Hasta la década del 80, los jóvenes profesionales demoraban dos años para encontrar un trabajo estable. En la actualidad, deben esperar entre cinco y 10 años.
A pesar de que la mayoría acumula varios diplomas, cuatro o cinco idiomas y experiencia en el extranjero, al final de sus estudios solo recibe propuestas de trabajos no remunerados o contratos de corta duración. Esa situación inestable no les permite independizarse de sus padres, alquilar una vivienda u obtener un crédito bancario para comprar una casa. La Unión Europea (UE) pretende reglamentar de manera más eficaz el caso de los empleos no remunerados. Acordados con el pretexto de dar a los recién egresados una experiencia laboral, suelen convertirse en una forma de explotación.
La alemana Nikola Richter describió su experiencia en su libro Die Lebenspraktikaten (La aprendiz vitalicia). "Gran parte de nuestra energía se pierde en saber qué vamos a hacer la semana próxima, cómo vamos a pagar el alquiler, cómo vamos a comer", escribe.
Esa angustia permanente nutrió el argumento de Tutta la vita davanti (Toda la vida por delante), un film del director Paolo Virzi, ambientado en un call center, uno de los típicos trabajos temporales de los jóvenes mileuristas.
Resultado directo de esa fragilidad laboral, el segundo drama de esa generación es la dificultad para independizarse. El joven que permanece incrustado en la casa de sus padres dio origen en Francia a una comedia, Tanguy, que explica con humor esa dependencia obligada.
En Italia, la situación es aún más dramática: el 47 por ciento de los jóvenes de 25 a 34 años viven con su familia. Con un dudoso sentido del humor, el ex ministro de Finanzas, Tommaso Padoa-Schioppa, calificó de bamboccioni (bebotes) a esos jóvenes que, por lo general, deben esperar hasta los 30 años para encontrar un empleo estable y -cuando por fin lo consiguen- su salario corresponde al nivel que tenía ese puesto en 1990, según un estudio del Banco de Italia.
El campeón de la inestabilidad laboral juvenil es España. A pesar de los 6 millones de empleos para jóvenes creados en el período 1997-2007, la mitad de los jóvenes de entre 18 y 35 años todavía sobrevive con trabajos temporales. El resultado de esa situación es que un 26 por ciento de ese segmento de la juventud continúa viviendo en la casa de sus padres.
"La gran paradoja de este nuevo cuadro social es que antes los jóvenes ayudaban a los ancianos. Ahora se produce el fenómeno inverso", afirma Olivier Galland, experto del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de Francia.
Esa frustración explica, en parte, los elevados porcentajes de anorexias graves, fobias escolares, alcoholismo y drogadicción que se registran en Europa desde hace algunos años.
En Francia, los suicidios son la segunda causa de mortalidad juvenil en el segmento de entre 15 y 24 años, después de los accidentes de tránsito. Más que la cantidad de decesos (577 en 2007), el indicio más aterrador es la cantidad de intentos: 40.000 por año.
"Esa cifra traduce un malestar profundo de la sociedad", admite la socióloga francesa Monique Dagnaud. Hace tiempo que los dirigentes manifiestan su preocupación. No es posible, afirman, que los contribuyentes europeos inviertan fortunas en formar a las nuevas generaciones, para que estas terminen marginadas, subempleadas o víctimas de una depresión.
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