Quienes conocen a Quentin Tarantino pueden entender que ahora ofrezca a los espectadores una versión particular e irreal parodiando trágicamente una temporada de la Segunda Guerra Mundial cuando los nazis ocupaban a Francia. Es una original ficción, con odio y sarcasmo.
La película es la apología de la venganza: un comando de soldados norteamericanos, dirigido por el teniente Raine (Brad Pitt), toma la determinación de ejecutar de la forma más cruel a cualquier nazi que encuentren.
Casualmente se unen a ellos una judía dueña de un cine parisino (Mélanie Laurent) y una actriz alemana (Diane Kruger), espía de los aliados, para lograr acabar con el estado mayor de la SS e incluso con Hitler.
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